“La Herida” de José Madero: el arte de hacer las paces con la muerte

Desde el lanzamiento de ‘Psalmos’ (2019), José Madero se encuentra en uno de los períodos más reflexivos, y por tanto interesantes, de su de por sí brillante carrera. Gracias a su sensibilidad y talento, el nacido en Monterrey ha sido capaz de construir una obra introspectiva, de toques densos, gracias a su exploración de tópicos como la fe, la redención, la salud mental e incluso la vida y la muerte.

Esta inquietud artística le llevó a conceptualizar su próximo larga duración, que llevará por nombre ‘Giallo’, del cual se desprende su más reciente sencillo, “La Herida”, un tema de corte rock donde Madero busca “hablar acerca de hacer la paz con la idea de la muerte, de darle la bienvenida y no pelear con ella”.

Cortesía: Universal Music

“La intención de abordar estos temas ya venía de tiempo atrás, pero se detonó al máximo con ‘Riesgo de Contagio’, una canción que compuse al inicio de la pandemia y trata de un tipo esquizofrénico que se aísla del mundo porque cree que su condición puede ser contagiosa. Eso me prendió el foco para profundizar en temas como ese o el de la muerte: pensé en mi propio funeral, en el legado que puedo dejar y en cómo hacer las paces con ese proceso”.

Pepe Madero

Con este contexto a cuestas, ¿qué podemos esperar de “La Herida”? Desde las primeras notas, compuestas por un arreglo de piano y sintetizadores, se siente una especie de tensión que rápidamente se libera para la segunda parte del verso, pues gracias a las guitarras y la batería, lo que era densa calma se transforma en un tema potente, que llega a su catarsis en el coro, entregando así una canción de épica rockera.

Cortesía: Universal Music

 El tema avanza en ese tenor, mientras José, en su papel protagonista, reflexiona acerca de sus acciones en la vida, como si de un corte de caja emocional se tratara. Esta sensación de llegar al fin está perfectamente retratada en el video que acompaña la composición, donde vemos al propio Madero en una secuencia de “entrenamiento”, la cual cobra sentido cuando, rumbo al final del pequeño filme, lo vemos ataviarse en un traje de box y subir al ring para enfrentar la pelea máxima: un duelo cara a cara con la muerte.

El desenlace de la historia queda como un final abierto para que el espectador saque sus propias conclusiones de esta batalla que todos tendremos algún día. Con esto, José Madero nos regala una de sus obras más complejas, pero no por ello lejanas a las emociones humanas, todo lo contrario: el artista nos está ofreciendo un espacio en el cual podamos reflejarnos, que no es otra cosa más que la misión máxima del arte: servirnos como cobijo ante todas las sombras que existen en la vida.

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