Working en Fast Fashion: ángeles y demonios – Parte 4

04 La calma:

Se acabó. Cuando menos lo pensaba, lo peor había pasado, había superado el reto aún y con todos los altibajos que suponía experimentarlo. Lo difícil había llegado a su ebullición, obviamente estaba orgulloso, entré a un trabajo de retail en temporada alta, sin experiencia y sin una capacitación oportuna, y lo subsistí. 

Estuve trabajando en navidad, pero estaba feliz de estar junto a mi mejor amiga a la que conocí desde el día uno y compartir con ellas las últimas ocasiones en las que tenía que sufrir sacando mercancía nueva o en las que cobrábamos juntos. 

Francamente, las últimas semanas eran diversión pura. Había aprendido que no hay que tomar las cosas tan en “serio”, ya solamente me reía de las situaciones que había vivido dentro como cuando tenía todos los billetes regados en las cajas porque no los coloqué en el lugar que eran, los “regaños” y las caras de mis compañeros, el drama con las managers. Lo más triste muchas veces es pasar desapercibido, pero claramente yo fui un terremoto que abogaba por ser tratado como un ser humano.

Extrañamente, la manager “Verónica” odiaba que mi amiga y yo estuviéramos juntos, siempre trataba de separarnos. Al principio se sentía como en un son de broma, pero luego lucia como si en verdad le molestara auténticamente, al grado que una vez tuve el “castigo” de hacer el proceso de mercancía nueva de ropa de niños, yo solo en una mesa al costado de la tienda. Eran actitudes que no se sentían propiamente de un equipo directivo eficaz y preparado minuciosamente, sino, de niños caprichosos y berrinchudos que no podían ni controlar ni manejar sus propias emociones.

Era satírico cuando buscaban hacer dinámicas de integración o compensar nuestro esfuerzo con barras de chocolate y café, sabiendo los malos tratos a los que muchos nos tuvimos que enfrentar, y sobretodo tratar de convivir entre nosotros mismos cuando entre varios de ellos había un sentimiento latente de odio. Ya no era deprimente, era cómico y mordaz. 

En fin, solo podía decir y pensar que había cumplido mi misión con éxito, ya contaba con un teléfono nuevo que siempre fue la prioridad, y ahora simplemente esperaría el final del contrato para culminar mi telenovelesco ciclo por el mundo de la ropa rápida.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Related Posts
Total
0
Share