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El lienzo del orgullo: cuando el arte desafía las etiquetas en una botella

Junio llega y, con él, el predecible arcoíris que tiñe los logotipos de corporaciones globales. Es un ritual anual que oscila peligrosamente entre el homenaje y la estrategia, un despliegue cromático que a menudo se siente más como una obligación de calendario que como un compromiso real.

En este mar de gestos calculados, la autenticidad se ha convertido en el bien más escaso y codiciado. Sin embargo, de vez en cuando, una iniciativa logra romper el molde, no por gritar más fuerte, sino por hablar un lenguaje diferente: el del arte. Es en esa intersección, donde la creatividad cruda y sin filtros se encuentra con una plataforma masiva, que la conversación sobre la identidad adquiere una nueva profundidad, una que merece ser analizada.

Es precisamente en este territorio donde se posiciona la más reciente propuesta de Smirnoff para conmemorar el Pride 2025. Bajo el lema “Juntos Somos Orgullo”, la marca ha cedido uno de sus activos más icónicos su botella para convertirla en un lienzo. La intervención corre a cargo del artista visual mexicano Oscar Torres, cuyo estilo vibrante y ecléctico se aleja de las representaciones genéricas para dar vida a un universo de personajes que respiran individualidad. Esta no es una simple etiqueta conmemorativa; es una declaración curada a través del arte, un esfuerzo por encapsular la complejidad de la identidad en lugar de simplificarla. Al dar un paso atrás y permitir que la voz de un artista resuene, la iniciativa sugiere un entendimiento más sofisticado: que el verdadero apoyo no consiste en hablar por una comunidad, sino en amplificar las voces que ya existen dentro de ella.

El núcleo de esta colaboración reside en su capacidad de ir más allá del producto. La campaña invita activamente a la introspección y a la expresión personal a través de un espacio en blanco deliberado: “Juntos somos __________”. Este simple gesto transforma al consumidor de un espectador pasivo a un participante activo en la narrativa. Como explica Silvia Trinidad, Head de Expansión de Portafolio en Diageo, la autenticidad del proyecto se forjó escuchando directamente a miembros de la comunidad LGBTQ+, asegurando que la campaña naciera de vivencias reales y no de un brief de marketing. Este enfoque, que prioriza el insight humano sobre el discurso corporativo, es lo que permite que una marca como Smirnoff navegue las aguas del activismo con credibilidad, demostrando que su compromiso se extiende más allá de una temporada, buscando construir un diálogo sostenido sobre el respeto y la celebración de la autoexpresión.

Los seis personajes creados por Oscar Torres son el alma del proyecto. Lejos de ser meras ilustraciones, cada uno es un arquetipo de autoexpresión, inspirado en figuras y energías reales de la comunidad en México. Desde la presencia magnética de “Fuego Místico” hasta la autenticidad sin filtros de “Lexi Serviste Picosito”, cada diseño es un homenaje a una forma distinta de existir y brillar. Torres traduce la diversidad en un lenguaje visual que es a la vez rebelde y elegante, capturando la esencia de la fuerza, el humor, el liderazgo y la ternura que coexisten en el espectro de la identidad. Estos no son avatares anónimos; son reflejos de historias, de luchas y de celebraciones, un recordatorio de que la comunidad no es un monolito, sino un mosaico de individualidades poderosas que, juntas, forman una fuerza inquebrantable. Es un arte mexicano contemporáneo que se vuelve accesible y portátil.

En última instancia, “Juntos Somos Orgullo” se presenta como un estudio de caso sobre cómo las marcas pueden y deben evolucionar en su rol como aliadas. La colaboración trasciende la superficialidad al anclarse en tres pilares fundamentales: la autenticidad de un artista local, la participación activa del público y un mensaje que celebra la complejidad en lugar de la conformidad. La propuesta no ofrece respuestas fáciles ni pretende ser la solución definitiva, sino que abre un espacio para la conversación, utilizando su alcance para visibilizar y validar. En un mundo saturado de mensajes, el silencio de un espacio en blanco que espera ser llenado por la voz de cada individuo puede ser el acto más radical de todos.

Cuando el ruido del mes del Orgullo se disipe y los colores corporativos vuelvan a su paleta habitual, lo que permanecerá de iniciativas como esta no será el líquido dentro de la botella, sino la conversación que provocó. La colaboración entre Smirnoff y Oscar Torres se erige como un recordatorio contundente de que la verdadera alianza exige más que un cambio de logo; demanda ceder el poder, escuchar con intención y proveer un lienzo para que otros pinten su propia verdad. Criticar el “rainbow capitalism” es necesario, pero también lo es reconocer cuando una acción se desvía de la norma para ofrecer una plataforma genuina.

Al final, el verdadero orgullo no se compra en una edición limitada, se construye en la audacia de ser, sin pedir permiso. Y eso, es un brindis que vale la pena.

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