¿Cuándo fue la última vez que sentiste que una pieza de tecnología realmente te pertenecía antes de sacarla de la caja?
Piénsalo un segundo, la mayoría de las veces, nuestra relación con los dispositivos es pasiva: una junta directiva en Silicon Valley o Seúl decide cómo se ve el futuro, lo empaqueta en vidrio y aluminio, y nosotros simplemente pasamos la tarjeta. Nos hemos acostumbrado a ser espectadores de la innovación, limitándonos a elegir entre el modelo negro o el blanco, aceptando lo que nos dan.
Pero imagina un escenario distinto. Uno donde el usuario deja de ser una métrica de ventas y se convierte en el arquitecto. Donde la barrera entre la marca y el fanático se disuelve no por una estrategia de marketing vacía, sino por una convicción de diseño. Justo ahí, en esa intersección entre la nostalgia y la vanguardia, aterriza el Nothing Phone (3a) Community Edition. No es solo un smartphone más en un mercado saturado; es la prueba física de que cuando abres las puertas de tu laboratorio creativo, la comunidad no solo entra a mirar, entra a construir.
En NEOMEN hemos seguido de cerca la trayectoria de Nothing. Hay algo refrescante en su negativa a seguir el guion corporativo estándar. Mientras otros gigantes tecnológicos blindan sus procesos con acuerdos de confidencialidad, Nothing lanzó el Community Edition Project. La premisa fue audaz: invitar a su base de seguidores a diseñar el hardware, el software, el empaque y la campaña de marketing de una variante especial del Phone (3a).

No se trataba de un concurso de popularidad en Instagram. Fue un proceso de nueve meses, con más de 900 propuestas evaluadas, donde los ganadores no solo recibieron un premio, sino que trabajaron codo a codo con los equipos de diseño e ingeniería en Londres. El resultado es un dispositivo que desafía la homogeneidad estética actual. Al sostener este teléfono virtualmente por ahora, físicamente muy pronto, no sientes la frialdad de una decisión corporativa, sino la calidez de la pasión humana. Es un recordatorio de que las mejores ideas no siempre vienen de un ejecutivo con traje, sino de alguien que, como tú, ama la tecnología y extrañaba que fuera divertida.
El Phone (3a) Community Edition adopta una exploración de color nostálgica, casi radiactiva, que evoca a los juguetes tecnológicos de antaño pero con la precisión de 2025. Mantiene la identidad futurista de Nothing, pero le inyecta una dosis de “juego” que la industria había perdido en su obsesión por el minimalismo estéril. Es un dispositivo que, apagado, ya te está contando una historia. La luz no solo viene de sus Glyphs, viene del concepto mismo: una pieza que brilla en la oscuridad (metafórica y literalmente) en un mar de rectángulos grises. Para complementar el hardware, el proyecto introdujo una categoría de accesorios, y la propuesta ganadora de Ambrogio Tacconi y Louis Aymond es brillante en su simplicidad: The Dice. Un par de dados. Puede parecer un anacronismo acompañar un smartphone de última generación con uno de los objetos de juego más antiguos de la humanidad, pero ahí radica la genialidad.

Los dados, con los números renderizados en la tipografía Ndot 55 característica de la marca, simbolizan el azar, la estrategia y la conexión humana tangible. En un mundo donde el entretenimiento es cada vez más solitario y digital, incluir una herramienta para el juego físico es una declaración de principios sutil. Es Nothing diciéndonos: “Usa la tecnología, pero no olvides que la vida real, la que se toca y se juega con amigos sobre una mesa, también importa”. Y para cerrar el círculo, la campaña de marketing “Made Together”, ideada por Sushruta Sarkar, celebra el proceso mismo. No te vende especificaciones técnicas frías; te vende la historia de cuatro creadores que, desde diferentes rincones del mundo, dieron forma a un producto global. Es una narrativa de empoderamiento que resuena profundamente en una generación que valora la autenticidad sobre la perfección manufacturada.
El Nothing Phone (3a) Community Edition es una rareza. Con solo 1,000 unidades producidas para todo el mundo, su valor trasciende el de un simple teléfono; se convierte en un objeto de colección, un testigo de un momento en el que la industria intentó algo diferente.

Quizás no necesites otro teléfono, pero tal vez sí necesites creer que la tecnología puede volver a ser divertida. Y eso, amigos, es justo lo que este proyecto pone sobre la mesa.
