Hay un momento muy específico al inicio de cada año, justo después de que se apagan los fuegos artificiales y antes de que la rutina nos trague de nuevo, en el que todos buscamos un anclaje.
No se trata solo de propósitos escritos en una nota del celular que probablemente ignoraremos en febrero; hablamos de esa necesidad casi visceral de encontrar un símbolo que defina quiénes vamos a ser los próximos doce meses. Para algunos es un cambio de hábito, para otros un viaje, pero en el universo del estilo, a menudo buscamos objetos que actúen como tótems: recordatorios físicos de hacia dónde queremos ir.
La mitología siempre ha funcionado como ese espejo donde los hombres buscamos reflejar nuestras propias batallas y aspiraciones. Y si hay una figura que captura la dualidad entre la fuerza bruta y la capacidad de elevarse por encima del ruido, es el Pegaso. Esa criatura que no pertenece del todo a la tierra ni al cielo, y que representa el impulso puro hacia el futuro. En este arranque de 2026, nos topamos con una narrativa visual que retoma precisamente esta leyenda, no como un cuento antiguo, sino como una declaración estética contemporánea.
Cuando miramos hacia atrás en la historia del diseño de lujo, pocos nombres resuenan con la creatividad arquitectónica de Jean Schlumberger. Su universo creativo siempre estuvo poblado de fauna, flora y criaturas fantásticas que parecían tener vida propia sobre el metal. Lo interesante de la nueva propuesta de Tiffany & Co. para su campaña de Año Nuevo Chino 2026 es cómo Nathalie Verdeille, la actual directora artística, ha escarbado en esos archivos para traer al presente el motivo del Pegaso.
No estamos hablando de una simple ilustración. El diseño, inspirado en un broche original de Schlumberger, se siente como una colisión entre el arte clásico y la modernidad líquida en la que vivimos. El Pegaso aquí no es estático; es movimiento, es gracia y, sobre todo, es potencia. Para el hombre contemporáneo, que a menudo se debate entre mantener los pies en la tierra (responsabilidades, carrera, familia) y el deseo de “volar” (creatividad, libertad, reinvención), este símbolo resuena de una manera particular. Es la materialización de la esperanza, pero una esperanza activa, esa que te impulsa a moverte, no la que se queda esperando a que las cosas sucedan.

Existe un estigma que poco a poco hemos ido rompiendo en Latinoamérica: la idea de que la joyería en el hombre es meramente ornamental o, en el peor de los casos, una demostración vacía de estatus. La realidad es que las piezas que elegimos llevar pegadas a la piel funcionan como una armadura moderna. Son piezas de ingeniería emocional.
En esta campaña, el Pegaso no llega solo. Se acompaña de colecciones que ya forman parte del vocabulario visual urbano, como Tiffany HardWear. Si lo analizamos fríamente, HardWear es la representación industrial de la conexión; eslabones que evocan la arquitectura de la ciudad de Nueva York, pero que al mismo tiempo hablan de la fuerza transformadora de las relaciones humanas. No es delicadeza frágil; es resistencia.
Por otro lado, la incorporación de Tiffany Knot y el nuevo dije de llave con zafiro rosa introduce un matiz interesante. El “nudo” simboliza esos lazos inquebrantables, y en un mundo donde las conexiones suelen ser efímeras y digitales, portar un símbolo de permanencia es un acto de rebeldía silenciosa. Lo mismo ocurre con Tiffany Lock y Tiffany T; son diseños que evocan protección y posibilidades ilimitadas. No son accesorios para “lucir”, son herramientas para “ser”.
Nos enfrentamos a una era donde la globalización del lujo permite que un mito reinterpretado por una casa neoyorquina (Tiffany), para una festividad oriental (Año Nuevo Chino), termine teniendo sentido en el día a día de un hombre en la Ciudad de México o Buenos Aires. Es la prueba de que el buen diseño no tiene fronteras geográficas, solo códigos estéticos compartidos.

Sin embargo, vale la pena detenerse a pensar: ¿Qué buscamos realmente al adquirir estas piezas? ¿Es la excelencia artesanal de los 3,000 artesanos que tallan y pulen cada ángulo, o es la necesidad de sentirnos parte de algo más grande, de un legado de elegancia atemporal? Quizá sean ambas. En un mercado saturado de fast fashion y objetos desechables, invertir en algo que fue concebido con paciencia y ejecutado con maestría es una forma de respetar nuestro propio tiempo y esfuerzo.
La joyería masculina ha dejado de ser un tabú para convertirse en un medio de expresión personal tan válido como un buen traje a la medida o un reloj de colección. Ya sea a través de la robustez de un brazalete HardWear o la simbología de un dije Knot, lo que estas piezas ofrecen es un recordatorio tangible de nuestras propias “alas”.

En este 2026, la invitación no es necesariamente a comprar por comprar, sino a encontrar esos símbolos que resuenen con tu propia narrativa de crecimiento.
