Prada Fall 2026 Men’s Fashion Show: claridad en el caos y la elegancia imperfecta

¿Te ha pasado que te vistes “bien” para sentir que tienes el día bajo control… y aun así todo por dentro va en modo ruido? El feed grita, el trabajo exige, el dinero no alcanza como debería, y hasta la ciudad cualquier ciudad se siente más áspera: más filas, más prisa, más pendientes, menos aire.

En ese tipo de semanas, la fantasía de la moda no es “escapar”. Es otra cosa: ordenar. Poner una línea recta en un mundo que se dobló. Y justo ahí es donde el Prada Fall 2026 Men’s Fashion Show se vuelve relevante: no como cuento perfecto, sino como una forma de mirar la imperfección sin fingir que no existe.

La frase que lo resume ni siquiera viene de una pasarela: “Even a stopped clock gives the right time twice a day”. Un reloj parado también acierta dos veces. Es cruel y esperanzador al mismo tiempo. Porque si algo está roto, no significa que no pueda marcar una verdad.

La inspiración del escenario parte de un lugar incómodo: una casa de campo deteriorada, con chimeneas de mármol que no combinan, límites rotos, como si alguien hubiera intentado “arreglar” el pasado a golpes y lo hubiera dejado peor. La referencia a Withnail and I no es un guiño culto para presumir; funciona como atmósfera: ese refugio que prometía salvación, pero también evidencia lo que se cae cuando la vida aprieta. Y luego está el espacio: el Deposito de Fondazione Prada convertido en zona liminal, con “vestigios de vidas interiores” una idea casi doméstica dentro de una caja industrial como si la pasarela fuera un cuarto al que entras sin permiso, cuando alguien todavía está ordenando su crisis.

Hay prendas que parecen haber sobrevivido algo: pieles gastadas, telas que “se pelan”, orillas deshilachadas sin pedir perdón, pliegues y arrugas como cicatrices. No es descuido: es un distressing deliberado, una especie de “designer dirt” que no busca verse pobre, sino romper el código de la perfección sin perder precisión. El punto fino está en el contraste: lo maltratado va envuelto en refinamiento.

La colección empuja una reducción: abrigos y outerwear más ceñidos, hombros contenidos, una silueta más “shrunken” en varias salidas, con ese aire Dickensiano de trabajo duro y vida austera: gorras planas, lanas prácticas en grises y cafés, como si la moda recordara que hay épocas donde la supervivencia le gana al show. Pero aquí aparece la incomodidad grande (y necesaria): cuando regresa la silueta slim, también regresa el fantasma del “cuerpo correcto”. Ese cuerpo que cabe “bien” en la ropa y que, en redes, se premia con likes como si fuera virtud moral. La crítica no es exagerada: varias reseñas señalan el riesgo de reactivar arquetipos conservadores de perfección física.

En medio de la tensión, aparece un detalle brillante: el doble puño de camisa ese gesto reservado para ocasiones formales usado como recurso en muchos looks, a veces desabrochado, relajado, casi como si dijera: “sí, sé las reglas… y hoy las uso distinto”. Este es el tipo de diseño que se entiende en la vida real. Porque todos hemos hecho eso: tomar algo “clásico” para sobrevivir a una jornada rara. Cambiar el acomodo de la camisa, abrir dos botones, doblar la manga, romper el uniforme corporativo sin perder el respeto. La idea es clara: todo lo que ves, lo conoces… pero el resultado no es el mismo.

Entre lo más “usable” hay abrigos elongados casi estirados, piezas de lluvia con capelets de color, chalecos bordados que se vuelven imperfectos a propósito por el pre-plegado y el crumpling, y detalles que parecen decir ready mode: sombreros fijados a la espalda del abrigo, como si el look ya viniera con plan B. Por eso la frase del reloj parado pega tanto. En un clima global donde se siente que el mundo se descuadra, la moda puede caer en dos extremos fáciles: escapismo vacío o discurso moralista. Aquí el camino es más adulto: aceptar que hay ruinas y, aun así, insistir en la belleza no como adorno, sino como acto de cuidado.

Lo único que no debería retroceder es el futuro del cuerpo masculino en la moda: más amplitud, más representación, más humanidad. Si vamos a encontrar “claridad” en el caos, que no sea a costa de volver a meter a todos en el mismo molde.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Prev
Ferragamo “Legends, Reimagined”: Tramezza, artesanía italiana y el instinto de Alberto Tomba

Ferragamo “Legends, Reimagined”: Tramezza, artesanía italiana y el instinto de Alberto Tomba

La escena es simple, casi invisible: te sientas, cruzas el tobillo sobre la

Next
Dolce & Gabbana Fall 2026 Men’s Fashion Show: The Portrait of Man y la guerra silenciosa contra el “uniforme”

Dolce & Gabbana Fall 2026 Men’s Fashion Show: The Portrait of Man y la guerra silenciosa contra el “uniforme”

Hay días en los que vestirte se siente como tomar una decisión… y hay días en

You May Also Like
Total
0
Share