Cuando el lujo sabe soltar: Hermès Fall 2026 Men’s y el arte de irte a tiempo

Hay una escena que se repite en silencio: frente al clóset, con prisa, decides si hoy te vistes para aguantar el día o para impresionar cinco minutos. En esa ritual camisa que no falla, chamarra que ya te entiende, zapatos que no piden disculpas, se esconde una verdad incómoda: lo que de verdad dura, casi nunca hace ruido.

Por eso un adiós bien hecho se siente raro. No triste, no dramático. Raro, como cuando cierras una puerta sin azotarla y aun así cambia el aire del cuarto. Eso pasó en París, en el penúltimo día de la semana de moda masculina: una despedida que no necesitó gritar para volverse histórica. La pasarela no empezó con un golpe de efecto; empezó con memoria. Pantallas que repasaban casi cuatro décadas, como si la Casa estuviera diciendo: “antes de irnos, miremos bien lo que construimos”. Y luego, la ropa: limpia, precisa, sin exceso.

Cuando llegó el final, lo inevitable: la ovación larga, de esas que no son protocolo sino gratitud. La gente invadió el runway para despedir a Véronique Nichanian, cerrando una etapa de 37 años al frente del menswear. La escena tiene algo poderoso para cualquiera que haya sentido desgaste en el trabajo: no se trata de “renunciar”, se trata de saber cuándo soltar sin romperte. Nichanian anunció su salida meses antes, en octubre de 2025, y el dato importa porque confirma algo que ya se siente en la industria: los directores creativos ya no duran como antes.

Hoy, el puesto viene con presión permanente: redes, ventas, colecciones, narrativa, celebridades, expectativas. Y mientras algunas marcas cambian de nombre en la puerta como si fuera una rotación de turno, hay algo casi contracultural en una carrera de 37 años en un mismo taller. Reuters lo subrayó con claridad: el carrusel reciente de salidas y llegadas en grandes casas se volvió parte del paisaje.

Aquí está el punto fino: en su despedida, no fue “lo seguro”. Fue su estilo, pero intensificado: materiales ultralujosos y siluetas simples, con una disciplina que se siente casi agresiva por lo rara que es. Imagina el sonido: suelas firmes sobre el piso, un murmullo corto, y luego el roce de textiles que no se encuentran en la vida diaria. En el show aparecieron cuellos de seda, pantalones de cuero, abrigos con interior de shearling, y un traje de piel de cocodrilo en tono caqui que funciona como pieza de museo… pero con estructura de sastre, listo para moverse.

Hay un detalle que nos gusta porque habla de visión, no de nostalgia: se revisitaron piezas de otros años (como 2003 y 1991) sin caer en “archivo por archivo”. Es más bien una idea de continuidad: no todo lo nuevo necesita borrar lo anterior. Y sí: fue una colección sorprendentemente “usable” para el estándar del lujo extremo. La moda masculina, esta temporada, se inclinó hacia prendas construidas para durar más abrigo, más sastrería, más oficio y está despedida, se sintió alineada con esa conversación.

La palabra que regresa una y otra vez cuando hablamos de esta etapa es contención. No porque falte imaginación, sino porque hay una idea de masculinidad que no necesita estar en modo performance todo el tiempo. Hay otra tensión debajo del show: mientras la industria coquetea con quitarle manos humanas al proceso (automatización, IA, optimización), aquí el argumento fue el contrario: oficio, textura, paciencia. No como nostalgia, sino como postura. En otras palabras: en un mundo que te pide velocidad, este tipo de ropa insiste en el tiempo, y por eso conmueve. No porque sea perfecta, sino porque es coherente. El cierre de una era sirve para algo más que aplaudir: abre espacio para el riesgo.

De acuerdo con Reuters, la sucesión ya tiene nombre: Grace Wales Bonner tomaría el relevo, con el peso simbólico de ser la primera mujer negra al frente creativo de una gran casa de lujo, y con la presión obvia de continuar un legado larguísimo sin vivir dentro de él.

Volvamos al clóset. A ese minuto en que decides qué te pones para enfrentar el día. A veces lo más masculino en el sentido contemporáneo, inteligente no es endurecerte: es reconocer cuándo una etapa ya cumplió su función. La despedida de Nichanian se sintió así: soltar con calma, sin volverlo show, sin convertirlo en drama. Un final con control, que en 2026 es casi un privilegio.

Y si algo deja esta colección, más allá del brillo imposible, es una idea aplicable: la elegancia no está en acumular. Está en elegir, en construir un estilo que no dependa del aplauso inmediato. En entender que lo que dura, casi siempre, habla bajito.

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