Upland State of Mind ft. Jaime Maqueo

Seis sillas de plástico apiladas en un foro de grabación en Uruguay. Un niño de siete años sentado hasta arriba, con las piernas colgando y una sonrisa que no cabe en la toma. «Me sentía el rey del mundo», recuerda Jaime Maqueo con la misma claridad con que recita un diálogo después de leerlo una sola vez. Esa imagen absurda, luminosa, sin filtro resume algo que la moda, la actuación y la cultura joven entienden mejor que cualquier algoritmo: la identidad no se fabrica en una reunión de marketing. Se construye a partir de una acumulación de momentos en los que decides, sin pensarlo demasiado, quién quieres ser.

Hoy Jaime tiene diecinueve años, una carrera que arrancó antes de que pudiera atarse las agujetas por sí solo y un par de Vans Upland en los pies que opera bajo la misma lógica: no intenta ser algo que no es. Solo está ahí, con su silueta chunky de gamuza premium, su lengüeta acolchada y ese nuevo logo alargado que marca el siguiente capítulo visual de una marca que lleva casi sesenta años dejando que la calle decida qué hacer con sus tenis.

Hablemos con detalle del protagonista de este drop, porque los detalles importan cuando una marca con el linaje de Vans nacida en 1966 en un taller de Anaheim, California, forjada en piscinas vacías por skaters y convertida en referente global de la cultura Off The Wall, decide evolucionar su silueta.

El Vans Upland es una propuesta sobredimensionada que toma la esencia del calzado Vans: construcción sólida, suela vulcanizada waffle, versatilidad, identidad visual reconocible y la traduce al lenguaje del streetwear contemporáneo: más volumen, más presencia en el pie, más statement visual sin sacrificar la comodidad funcional que siempre ha distinguido a la marca. La gamuza premium le da una textura que eleva el par por encima del tenis casual promedio. 

Este lanzamiento presenta dos colorways que merecen atención por separado: el primero es una combinación de rosa y rojo salmón con beige, complementada con agujetas chunky bicolor en azul y blanco. Es el tipo de paleta que en una pantalla puede parecer arriesgada, pero que en persona tiene una coherencia visual que conecta directamente con la estética de los noventa tardíos, esa era donde el color no pedía permiso. El segundo es un Vintage Beige con acentos estratégicos en azul y rojo, agujetas chunky en tono beige y una personalidad más contenida pero igual de precisa. Si el primer colorway es la conversación en voz alta, este segundo es la frase que dices bajito y que todos recuerdan.

Hay algo en la forma en que Jaime habla de su oficio que lo separa de la narrativa habitual del talento joven. No recurre al discurso del genio natural ni al de la estrella por destino. Habla de trabajo, de observación, de absorber todo lo que los veteranos a su alrededor le ofrecen.

«Si puedes hacer televisión, puedes hacer la mayoría de las cosas», reflexiona sobre la exigencia técnica de las telenovelas, un formato que muchos subestiman. «Mucha gente hace menos las novelas, pero yo creo que es de lo más difícil. Más que cine. Cuando estás en un set con directores como los que me han tocado, tú, como chavito, dices: soy una esponja; todo lo que me vayan dando lo absorbo. Por algo están ahí, y si quiero ser como ellos, pues a aprender.»

Le preguntamos qué le diría el Jaime de 2035 al Jaime de hoy, y la respuesta revela una madurez que no se finge: «Quiero pensar que lo estoy haciendo muy bien para la etapa en la que estoy. Pero estoy seguro de que el Jaime del futuro va a tener mucho más conocimiento y me va a decir: ahí la hubieras cambiado; arriesgaste más. Yo creo que me diría que me arriesgara más.»

Uno de los momentos más reveladores de nuestra conversación llegó cuando hablamos de actuar en dos idiomas. «Cuando hablas en inglés, quieres intentar decir todo bien, que esté bien la gramática, porque no es tu primer lenguaje», explica Jaime, citando a Pedro Pascal como ejemplo de alguien que probablemente se siente más cómodo en español porque conoce todos los matices culturales del habla hispana.

Esa dualidad de sentirse pleno en tu lengua materna mientras aspiras a lo global es exactamente la tensión que vive la generación que hoy usa Vans en Latinoamérica. Son jóvenes que consumen contenido en dos idiomas, entienden el streetwear como un lenguaje universal, pero lo viven desde una identidad local muy concreta. El Upland, con su estética que bebe de los noventa americanos pero se lanza desde una campaña protagonizada por creadores mexicanos, habla exactamente de ese código híbrido.

«Me gustaría ser muy internacional», nos dijo Jaime. «Grabar en Hollywood, ganar un Oscar. Pero siempre recordando a México. Es mi país y lo quiero mucho.» No hay contradicción; hay ambición con raíz. Y la raíz, como la suela waffle de un par de Vans, es lo que te mantiene conectado al piso mientras apuntas hacia arriba.

Regresemos a esa imagen. Un niño en la cima de una pila de sillas de plástico, sintiéndose invencible con los recursos que tiene a su alcance. Jaime Maqueo no sabía entonces que esa sensación, la de hacer tuyo un espacio que no fue diseñado para ti, se convertiría en el hilo conductor de toda su carrera.

El Vans Upland propone algo en esa misma frecuencia, no es un tenis que te dice quién ser. Es una silueta con historia real, construida sobre décadas de cultura Off The Wall, que llega en gamuza premium con dos colorways diseñados para que tú decidas qué significan. Kass Quezada lo entiende desde la creación de contenido. Arturo Madrazo lo entiende desde la tinta sobre la piel. Jaime lo entiende desde un set en el que cada escena es una escuela que ningún algoritmo puede reemplazar.

Lo que falta por hacer es mucho. Jaime lo sabe: su Jaime del futuro le pediría que se arriesgara más. La industria lo sabe: las métricas todavía pesan demasiado frente al talento real. Y Vans lo sabe: cada lanzamiento es una oportunidad de demostrar que el lienzo importa más que la instrucción sobre cómo llenarlo. El Upland está disponible en vans.mx y en tiendas físicas. Lo que pongas encima depende enteramente de ti.

KEEP IT UPLAND por VANS México

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