El sonido de la nieve compactándose bajo las botas es quizás uno de los audios más satisfactorios que existen.
Hay algo primitivo en el invierno de alta montaña; una especie de pausa obligada donde el ruido mental se congela y lo único que queda es la respiración, el paisaje blanco y la anticipación del descenso. No se trata solo del deporte, se trata del ritual. Y si hay alguien que entiende la arquitectura del silencio y el lujo de la desconexión, es Aman.
Este año, la temporada de esquí en Europa no es simplemente una repetición de lo mismo. Hay un cambio de guardia. Mientras muchos buscan el apres-ski ruidoso y la fiesta desmedida, existe una tribu distinta a la que seguramente perteneces o aspiras pertenecer que busca algo más profundo: la conexión brutal con la naturaleza sin sacrificar la sofisticación culinaria ni el diseño impecable. Los Dolomitas y Courchevel se preparan para despertar, y la propuesta de Aman para este invierno 2025-2026 eleva la vara de lo que significa “escapar” a la montaña.
El 4 de diciembre marca el inicio de una nueva era en San Cassiano. Aman Rosa Alpina, un nombre que ya resonaba con fuerza entre los conocedores, abre su primera temporada invernal completa tras su transformación monumental en julio de 2025. No es una remodelación superficial; es una reconfiguración del ADN del lugar para convertirlo en un auténtico santuario Aman, respetando su legado, pero inyectándole una dosis de minimalismo y serenidad que se siente necesaria.

Lo interesante aquí es el juego de contrastes. Estás en el corazón de los Dolomitas (Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO), una región con una identidad italiana alpina muy fuerte. Aman lo sabe y no intenta borrarlo, sino dialogar con ello. Mantienen la calidez de los banquetes familiares en The Grill y las catas íntimas en la Di Vino Room, pero este invierno rompen el molde con la apertura de Akari.
Imagina esto: fuera, la temperatura es bajo cero y el paisaje es imponente. Dentro, en un entorno de diseño purista, te sientas alrededor de una olla humeante para una experiencia de Shabu Shabu. Cortes premium de carne, vegetales frescos, sashimi y sakes japoneses. Es un choque cultural brillante: la precisión asiática encontrándose con la contundencia de la montaña europea. Es el tipo de experiencia gastronómica que no solo alimenta, sino que centra.

Sin embargo, lo que realmente separa a esta propiedad de cualquier otro resort de lujo es su conexión con la historia. El esquí aquí puede ser un acto de memoria. La experiencia del WWI Ski Tour es, francamente, conmovedora. No es solo deslizarse por deslizarse; es recorrer los pasos de soldados de hace un siglo.
El recorrido inicia en la cima del monte Lagazuoi. Desde ahí, te enfrentas a un descenso de 7.5 kilómetros y una travesía de 80 kilómetros totales por terreno escénico. Pasas por refugios, túneles y miradores que definieron la Primera Guerra Mundial. Es un recordatorio físico de que las montañas que hoy disfrutamos por placer, alguna vez fueron escenarios de supervivencia. Terminar ese día con comida regional junto a una chimenea tiene un sabor distinto; la reflexión es inevitable.

Por otro lado, si lo tuyo es la resistencia técnica, el Sella Ronda sigue siendo el rey: rodear el macizo Sella a más de 3,000 metros de altura, recorriendo casi 30 kilómetros sin repetir una sola pista. Es la definición de libertad cinética. Y para recuperar el cuerpo tras tal exigencia, el Dolomites Spa Journey exclusivo de esta propiedad ofrece cuatro horas y media de reconstrucción total: entrenamiento, masaje y facial. No es vanidad, es mantenimiento de alto rendimiento.
Este año, la terraza exterior se transforma. Olvida la típica hamburguesa de pista. Aman introduce Yakiniku, un concepto de barbacoa que fusiona la tradición japonesa y coreana. La escena es potente: mesas con brasas encendidas frente a la nieve, donde tú mismo cocinas cortes de carne excepcionales acompañados de salsas exclusivas. Es social, es cálido y visualmente impactante. Es entender que la comida en la montaña debe ser un evento, no un trámite.

Pero si buscas algo que realmente te haga sentir dueño de la montaña, la First Tracks Experience es insuperable. Subir a 2,740 metros al amanecer, antes de que abran los remontes al público. Desender la mítica pista Combe de la Saulire sobre nieve virgen (“corduroy” intacto o polvo fresco) mientras sale el sol. Es un momento de soledad gloriosa que justifica todo el viaje.
Aman entiende que la generación actual no se conforma con esquiar de 9 a 5. Queremos narrativas. Por eso, experiencias como Les Prés de la Croix resuenan tanto. Viajar en motonieve al atardecer hasta un chalet remoto, beber algo junto al fuego y cenar un festín saboyano (fondue, raclette, carnes curadas) preparado por un chef privado, para luego regresar en trineo bajo las estrellas. Suena de película, pero es la realidad curada que ofrece Le Mélézin.
Además, la introducción del Mountain Escape (estancias de 5 noches con pases y bienestar incluidos) facilita la logística para quienes quieren centrarse en la experiencia sin preocuparse por los detalles operativos. Y para el cierre, su spa subterráneo de dos pisos ofrece el Le Mélézin Spa Journey, con dry brushing y piedras calientes, ideal para reactivar la circulación después de enfrentar el viento alpino.

El invierno no es una estación para esconderse, es una estación para encontrarse. Los santuarios de Aman en Europa han dejado de ser simples hoteles para convertirse en facilitadores de experiencias que nos retan física y emocionalmente.
