La mañana todavía está fría y la mochila suena como debe: hebillas chocando, tela técnica rozando, un cierre que sube con ese “zzzt” limpio. Te amarras las agujetas con manos medio dormidas y, antes de dar el primer paso, pasa algo raro: no piensas en kilómetros, piensas en memoria. En esa estética de sendero que no nació para verse bien en foto, pero terminó definiendo cómo se siente “estar listo” para el mundo.
Porque hay objetos que no solo te acompañan: te ordenan. Una chamarra que te hace respirar distinto. Un reloj que te devuelve el control. Un par de tenis que te pone en modo terreno mixto, aunque tu ruta sea banquetas mojadas y un cerro el fin de semana. Y justo ahí entra el regreso de una idea que muchos creían enterrada: el trail tech vintage, esa era donde la tecnología outdoor se veía robusta, casi industrial, y donde el diseño no pedía permiso para ser útil.
Antes de que “funcional” fuera una etiqueta aspiracional, lo funcional era… literal. Costuras que no querías presumir, pero agradecías. Suelas pensadas para no fallar. Paneles, refuerzos, texturas: una estética nacida del desgaste, no del styling.
Hoy, esa nostalgia está de vuelta por una razón menos obvia: la vida urbana se volvió impredecible. Lluvia sorpresa, trayectos largos, suelos traicioneros, días que empiezan en una junta y terminan en una escapada. El regreso del trail no es solo moda; también es respuesta. Y por eso el concepto gorpcore usar equipo outdoor como uniforme de calle dejó de ser chiste interno para convertirse en código compartido. Bloomberg lo resume desde su origen cultural: vestir “outdoorsy” por función y por estilo, con el término acuñado en 2017.

Lo interesante es el giro: el trail tech vintage no está copiando el pasado tal cual. Está editándolo. Lo endurece donde importa, lo limpia donde estorba, y lo vuelve compatible con el ritmo contemporáneo. En esa intersección aparece el XT-Quest OAMC, como un homenaje directo a la era trail tech vintage sin caer en disfraz. Su premisa es clara: volver a esa estética resistente, pero con una construcción moderna que no se siente pesada ni torpe.
Lo primero que notas es la arquitectura: capas que se leen, paneles que se montan, refuerzos que no se esconden. La intención no es “minimal”, es honesta: que el zapato muestre cómo está hecho. En coberturas recientes se describe una base de malla oscura con overlays sintéticos y acentos metálicos que subrayan el sistema de ajuste y la estructura.

Y aquí la nostalgia funciona por microdetalle: el contraste entre superficies, el peso visual de los refuerzos, esa vibra de herramienta que no pretende ser delicada. Es exactamente el tipo de diseño que, en la vida real, se traduce en algo simple: te mueves sin estar cuidando tus pasos.
La silueta se entiende mejor cuando sabes de dónde viene: medios especializados la explican como un híbrido entre ADN de trail agresivo y estabilidad tipo bota, mezclando agarre y soporte para no limitarse a un solo escenario. Eso importa porque el trail tech vintage cuando se hace bien no es nostalgia por nostalgia. Es arquitectura pensada para fricción, humedad, piedra, ciudad. El tipo de fricción que sí existe en México: banquetas rotas, lluvia, polvo, trayectos largos, cambios de plan. Este lanzamiento también trae un mensaje de época: la paciencia volvió a ser parte del ritual. No todo está disponible siempre. La expectativa forma parte del deseo.

De acuerdo con reportes de la industria, el par se lanza el 15 de enero a través de los sitios de ambas marcas, tiendas y minoristas seleccionados. En el caso de México, la información oficial apunta a disponibilidad desde esa fecha en salomon.com.mx y oamc.com, además de tiendas y socios minoristas.
Regresamos a esa mañana fría: mochila, hebillas, el primer paso. Lo que cambia no es el cerro; cambias tú. Porque el verdadero homenaje del trail tech vintage no está en verse “rudo”. Está en recordarte que hay un mundo fuera del scroll, y que tu cuerpo todavía sabe moverse cuando le das chance.

El XT-Quest OAMC funciona como símbolo de esa conversación: pasado resistente, construcción contemporánea, y un presente que necesita objetos con verdad. No para escaparnos de la ciudad, sino para caminarla con más intención.