Working en Fast Fashion: ángeles y demonios – Parte 5

05. Cansado de servir looks:

06 de enero de 2022

Francamente ese último día ya no tenía casi nada de energía como para ir. Extrañamente me pusieron en horario de cierre siendo que solía ir por las mañanas o tardes, pero solamente quería cerrar bien mi etapa. A pesar de todo, le había encontrado el gusto, y esto iba más allá de las levantadas temprano por entrar a las 6AM en los días complicados, le había encontrado el lado ameno cuando estaba en probadores de hombre platicando con algún cliente, cuando las horas se pasaban volando en cajas siendo que irónicamente era lo que menos me gustaba hacer porque mi curso de “cajero” fue alternado como por cuatro o cinco personas con explicaciones rápidas, o simplemente hablar con las bellas amistades que logré formar en ese efímero tiempo pero que se sintió como mucho más. 

Esa noche lloraba lágrimas, pero de brillantina –literalmente- ahora tenía que despedirme de un lugar que comenzó siendo extraño, pero que al final había disfrutado. Durante esas horas me despedí de mis amigos que habían asistido al turno, pero una persona en particular me había llegado al corazón. 

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Era una señora de limpieza, me recordaba mucho a mi abuela. Solía verla casi todas las mañanas, siempre con una actitud positiva y con una amabilidad única, saludando y dándole los buenos días a todos. La admiraba en secreto, no cualquier persona tiene la valentía de ver el lado positivo de las cosas. Le di un chocolate y le expliqué que ya había culminado mi contrato, se preocupó, pero le dije que yo seguiría estudiando mi carrera universitaria y que luego algo vendría, fue la única ocasión en todo el tiempo en la que había sentido ganas de llorar. En ese momento sencillamente ya había dejado ir lo que tenía que irse.

Algunas de mis compañeras lisonjeras, sin paciencia y mal encaradas, aún me regañaban y me corregían siendo el último día, pero yo ya estaba en paz y tranquilo, eran las últimas horas. Recuerdan a “Dina”, bueno, fue la única manager de la que me despedí, y la que notó los brillitos que me había puesto en los ojos.

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Ya pasó casi un mes desde aquel cierre, y aún trato de comprender que significó esa tienda en mi vida, sonaré muy esotérico, pero soy de las personas que creen que el destino o el universo tiene todo preparado y agendado, que todo tiene un simbolismo o mensaje oculto. Posiblemente, fue una lección que estoy terminando de analizar, comprender y dirigir, tal vez de paciencia, tolerancia, de la lealtad a uno mismo y de relajarse. Al final cada día era una pasarela distinta, llegó el momento en que no me importaba si me veía overdressed, porque jamás me perdí ni actué como otra persona que no fuera yo. 

Hay que quedarse con lo bueno de las cosas, y al final logré cada uno de mis objetivos, conocí gente maravillosa y viví la experiencia del mundo retail para que nadie me contara, era un limbo rodeado de futuros ángeles y demonios, y tal vez para otro punto de vista de la historia yo fui un ángel o un demonio, pero estaba más que claro que no era invisible, era el torbellino de la moda, y ¿quién sabe? Tal vez en otro momento regrese como un all-star listo para llenar los pasillos de encanto con honestidad, y sí, ahora cada vez que entró a una tienda trato de mantener ordenado lo que veo y ser un buen cliente porque ya fui transeúnte del infierno que se vive dentro de una.

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