Classic Fusion All Black Camo: Hublot x Yohji Yamamoto y el arte del negro, redefinido

Afuera, la noche parece un filtro. Adentro, todo suena más nítido: el clic seco de una hebilla, el roce de una manga contra la mesa, el zumbido breve del elevador subiendo. Hay días en los que vestirte de negro no es “verte bien”; es desaparecer lo innecesario. Como si el mundo ya tuviera suficiente ruido y tú eligieras el silencio… pero con carácter.

Y entonces pasa algo curioso: el negro, que siempre se ha vendido como básico, deja de ser cómodo. Te exige atención. Porque en cuanto lo miras de cerca, el negro no es un color: es un sistema de texturas, sombras, densidades. Es una forma de control. Y también, a veces, una forma de rebeldía bien educada. En ese terreno donde lo discreto puede ser arrogante nace el Classic Fusion All Black Camo, la cuarta colaboración desde 2020 entre Hublot y Yohji Yamamoto, ahora en una edición limitada de 300 piezas. Un reloj que no intenta brillar: intenta durar.

Lo interesante de esta pieza es que juega en ambas canchas sin pedir permiso. Desde el concepto All Black presentado por la casa suiza en 2006 la idea no era borrar la luz, sino obligarla a aparecer: la iluminación se define por el volumen y la textura, no por el color. En moda, Yamamoto lleva décadas insistiendo en algo parecido: el negro no es ausencia; es esencia, forma depurada, silueta que habla sin decoración. Y aquí viene el giro: por primera vez, este diálogo sucede sobre un Classic Fusion. No es un “statement” obvio; es una conversación de detalles.

Lo primero que notas no es el tamaño, ni el logo, ni el “estatus”. Es la manera en la que la cerámica negra mate microgranallada absorbe la luz y la devuelve en bordes, planos y micro sombras. La caja de 42 mm se siente como piedra pulida por el tiempo: sobria, técnica, con profundidad. Y cuando crees que ya lo entendiste, te mueves. Cambia el ángulo. Cambia el día. Y el negro se vuelve otra cosa.

El camuflaje suele ser un símbolo obvio: militar, agresivo, exhibicionista. Aquí no, aquí el camo se vuelve casi una respiración. En la esfera, el motivo aparece negro sobre negro, como relieve y sombra, más que como gráfico. No compite contigo; te acompaña. Es el tipo de patrón que no se presume en una selfie, pero que en persona tiene un efecto raro: hace que alguien se acerque un poco más para entender qué está viendo. Y esa es una decisión cultural más profunda de lo que parece: en un momento donde todo se optimiza para la foto, elegir un diseño que vive mejor en la vida real que en pantalla es casi una provocación. Hay relojes que se sienten como un anuncio. Este se siente como una herramienta emocional: silenciosa, precisa, y con un filo sutil.

El fondo de caja en zafiro ahumado deja ver el movimiento automático (HUB1110) y su rotor esqueletizado, pero mantiene el misterio: no es exhibición total, es transparencia medida. La reserva de marcha ronda las 48 horas y la hermeticidad llega a 50 m (5 ATM): suficiente para el día a día realista, no para venderte una fantasía de explorador. Y la correa tejido negro con caucho negro es donde el tema se vuelve táctil de verdad. Hay una fricción ligera, un contraste entre lo textil y lo técnico, como si el reloj te recordara que el lujo también es contacto, no solo brillo.

Si quieres perderte en detalles, ahí está la ficha técnica completa del modelo y el comunicado oficial de lanzamiento. Y para entender por qué el negro ha sido un código cultural en relojería, vale la pena asomarse a este ensayo sobre relojes “blackout” y su estética.

El Classic Fusion All Black Camo funciona porque entiende algo que muchos productos de lujo olvidan: hoy, la masculinidad contemporánea no necesita gritar para ser fuerte. Puede ser sensible sin ser frágil. Puede ser sobria sin ser aburrida. Puede elegir el negro no por esconderse, sino por concentrarse.

¿La contradicción? Siempre existirá: hablar de “esencia” desde un objeto deseable, limitado y aspiracional es un juego con tensiones reales. Pero quizá por eso importa. Porque en un mundo de exceso, a veces lo más radical es elegir menos… y sostener esa elección con diseño, material y tiempo.

Y si el negro te ha servido como refugio, este tipo de piezas te obliga a hacer algo más interesante: convertir ese refugio en lenguaje.

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