El lujo ya no grita, se siente: Pepe Guzmán frente al nuevo lujo del 2026

Hay un tipo de silencio y paz que aparece cuando algo finalmente encaja. Ese momento en el que una prenda deja de ser aspiracional y se vuelve una parte más del cuerpo o parte de algo más profundo como la esencia. Durante años, la moda confundió volumen con relevancia, pero hoy, en cambio, el verdadero poder está en saber silenciar. En este 2026, el lujo es algo similar, ya no busca impresionar, sino sentirse.

Desde Guadalajara, Pepe Guzmán, fashion stylist y director creativo observa esta transformación desde un lugar poco común, una mezcla de sensibilidad, estrategia y experiencia en la industria. Su evolución en el trabajo ha sido orgánica, ya que pasó de construir looks perfectos a vestir cuerpos que narran historias, haciendo de un admirable trabajo en campañas, pasarelas, producciones editoriales y dirección artística para marcas, talentos y proyectos de moda a nivel nacional e internacional.

“Al inicio me enfocaba en que todo se viera bien en cámara”, reconoce. Con el tiempo, entendió que su trabajo no es solo de ropa. Es de llevar una intención con mensajes clave sobre lo que una imagen dice o de lo que decide callar. En un contexto saturado de estímulos, contar con intención se volvió una forma de lujo.

Hoy, Pepe piensa la moda como un reflejo de quiénes somos y de cómo habitamos nuestra realidad. Le interesa más lo que una imagen provoca que lo que muestra. Y ahí es en donde llega a aparecer una idea que incomoda a quien quiere que la moda sea “ligera” cuando en realidad la moda es política. No en el sentido panfletario, sino en el sentido cotidiano. Vestirse es tomar postura sobre el cuerpo, el deseo, la pertenencia y sobre cómo te relacionas con el mundo. Ese cambio de enfoque de lo bonito a lo significativo lo llevó a algo todavía más profundo, que fue priorizar lo que una imagen provoca por encima de lo que “muestra”. Esa mirada cambió al entender que el lujo contemporáneo está dejando atrás la aspiración vacía para moverse hacia algo más humano, sin tanto ruido y desde una intención

Comenzamos una época en la que las generaciones busca calidad, piezas que duren y una estética limpia, pero al mismo tiempo vive bajo presión económica, velocidad y sobreproducción. ¿Dónde queda entonces el lujo real? Para Pepe, en algo cada vez más escaso, la personalización no es solo bordar iniciales, es devolverle presencia al objeto. Ese mismo regreso a lo íntimo explica la revalorización de lo artesanal, de lo lento, de lo hecho con amor. Ya no como nostalgia, sino como una contra propuesta cultural.

Frente a la inteligencia artificial, Pepe mantiene una postura positiva ante la tecnología. Optimiza procesos, acelera visualizaciones, abre posibilidades. Pero no reemplaza la sensibilidad humana. Cómo lo ha visto campañas impecables hechas con IA que, aun así, se sienten vacías a falta de esa imperfección viva que nosotros como humanos llevamos.

El verdadero riesgo no es perder el trabajo o que la IA te lo quite, sino que nos empuje a volvernos indistinguibles. Por eso, si la tecnología ahorra tiempo, ese tiempo debe invertirse en lo que no se automatiza: investigación, contexto, dirección emocional.

Su trayectoria también explica su visión del lujo. Pepe no siguió la moda para llegar hasta donde se encuentra. Estudió marketing y se abrió camino desde la insistencia, con mensajes sin respuesta, asistencias y rechazos. Años de trabajo invisible antes de cualquier reconocimiento. Esa experiencia lo salvó de la ostentación y el ego. Ver colegas como competencia, sí, pero también como ecosistema. “Si le va bien a él, me va bien a mí”.

De ahí su postura sobre la comunidad creativa. En una industria que grita sobre “ser único”, él responde con abrir su propio camino para que otros también brillen. Compartir contactos, prendas y oportunidades.

Este año el lujo no será perfecto ni libre de contradicciones. Pero si algo está cambiando el centro de la moda es esta nueva obsesión por lo humano, lo íntimo y lo que dura. Porque al final, vestirse y crear moda, sigue siendo una pregunta personal, ¿estás usando la ropa para pertenecer o para expresarte? ¿Para esconderte o para reconocerte?

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