Breitling y Aston Martin encienden un legado compartido: cuando el tiempo se vuelve combustible en la F1 2026

Te pasa: sales tarde, el café se enfría en el trayecto, el tráfico te obliga a negociar con el reloj como si fuera un enemigo íntimo. Y aun así, entre notificaciones y pendientes, hay momentos en los que algo te devuelve el control: el sonido limpio de una puerta que cierra con precisión, el clic de una corona bien hecha, la sensación de que lo exacto todavía existe.

Por eso la velocidad sigue siendo un imán para nuestra generación. No porque vivamos con el acelerador pegado más bien al contrario: porque casi siempre vamos frenando, sino porque la velocidad bien entendida es orden. Es oficio. Es una obsesión por hacer que cada segundo cuente cuando todo alrededor intenta diluirlo.

En ese punto exacto se cruzan dos historias nacidas de la misma fascinación: medir la velocidad y dominarla. Breitling se une a Aston Martin y al Aston Martin Aramco Formula One™ Team como Socio Oficial de Relojería, en una alianza global y plurianual que conecta autos de alto rendimiento fabricados artesanalmente con ingeniería de precisión en el entorno más crudo posible: la Formula 1®. Todo arranca con un reloj que trae de vuelta una palabra incómoda y deliciosa: regreso.

Lo interesante de esta alianza es que no se vende como un romance forzado, sino como un paralelismo largo: ambos universos llevan décadas construyendo símbolos donde cada línea y proporción tiene un propósito, como dijo Georges Kern. En la otra esquina, Lawrence Stroll lo plantea sin romanticismo: para pelear un campeonato, necesitas socios a la altura de la ambición. Esa es la parte que engancha: el lenguaje no es “lifestyle”; es rendimiento con consecuencias.

En 1907, Léon Breitling presentó el Vitesse (“velocidad” en francés), un cronógrafo capaz de medir entre 15 y 250 millas o kilómetros por hora; era tan preciso que la policía suiza lo adoptó para emitir sus primeras multas por exceso de velocidad. Esa imagen es poderosa: el tiempo como juez de la adrenalina.

Del otro lado del canal, Lionel Martin y Robert Bamford probaban un vehículo construido a mano en una subida decisiva, una pendiente calcárea llamada Aston Hill. Ganaron. El nombre se quedó. Velocidad medida y velocidad conquistada, avanzando en paralelo como dos líneas que algún día iban a tocarse. En los cincuenta, el Navitimer apareció como instrumento de cabina para aviadores: una regla de cálculo circular para estimar velocidad, intervalos, consumo de combustible. Función pura. Diseño con propósito.

Y luego ocurre algo que define a las piezas icónicas: las adoptan personas que las usan fuera del manual. Pilotos como Graham Hill y Jim Clark (también aviadores) lo llevaron a la pista. Esa transición del cielo al circuito explica por qué ciertos objetos sobreviven décadas: porque nacen útiles y se vuelven culturales sin perder su esencia.

En los sesenta, ambas marcas se volvieron símbolos de ingeniería moderna y estética masculina. Willy Breitling rompió con la austeridad de posguerra con el Top Time, un cronógrafo para una nueva generación que quería velocidad y presencia. Cuando apareció en la muñeca de Sean Connery en Thunderball (1965) como el primer reloj-gadget modificado por Q, se volvió emblema.

Y sobre cuatro ruedas, el DB5 hizo lo suyo desde Goldfinger (1964) y volvió en Thunderball. Verlos coexistir en ese imaginario sofisticación, intriga, tecnología no es nostalgia: es entender cómo se fabricó el deseo contemporáneo alrededor de máquinas precisas. El primer reloj co-brandeado de esta alianza es el Navitimer B01 Chronograph 43 Aston Martin Aramco Formula One™ Team. Y no, no es un “colorway” cómodo: canaliza la intensidad de carrera con decisiones concretas.

Lo que importa (y por qué se siente distinto)

  • Edición limitada a 1,959 piezas, como guiño a 1959, año del debut del fabricante en la F1.
  • Caja de titanio ligera: se presenta como la primera vez que este material llega a un Navitimer en esta ejecución.
  • Esfera de fibra de carbono inspirada en los materiales de un monoplaza; tonos verde “racing” con acentos verde lima.
  • Correa de piel texturizada que evoca arnés de competición; legibilidad nocturna reforzada.
  • Calibre de manufactura 01, cronómetro certificado por COSC, 70 horas de reserva de marcha, visible con fondo de zafiro; rotor negro mate en tungsteno con recubrimiento PVD e insignia del equipo.

Hay una frase grabada que resume la fantasía sin vender humo: “Instruments for Drivers”. No habla de lujo; habla de uso. De estar hecho para aguantar presión.

Al final, lo que enciende esta alianza no es un logo en un monoplaza, ni una edición limitada para coleccionistas. Es una conversación más profunda: qué hacemos con el tiempo cuando todo compite por él.

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