Nadie recuerda exactamente cómo llegó al chat la idea. Probablemente alguien la mandó como broma. «¿Y si vamos a ¡KATAPLUM!?» Hubo silencio de tres segundos, luego un emoji de duda, luego el GIF de Shrek encogiéndose de hombros. Y así fue como un sábado de abril terminamos en la azotea de un centro comercial en Iztapalapa, esperando que una montaña rusa que pesa más de 400 toneladas saliera literalmente por un agujero en el techo del edificio y regresara sana y salva.
Llegas al tercer nivel del Parque Las Antenas por cualquiera de sus cuatro o cinco accesos la entrada más natural es por Cinépolis y hay un momento preciso en que la ciudad cambia de registro. El ruido del mall queda atrás. Lo que aparece frente a ti es un parque de más de 27,000 metros cuadrados instalado en la cima de un edificio, con el horizonte de la CDMX de fondo y rieles de montaña rusa que sobresalen hacia el cielo como si alguien hubiera hecho los planos a propósito para que no tuvieran sentido.
No tienen poco sentido: tienen todo el sentido del mundo, una vez que entiendes lo que es. ¡KATAPLUM! es el primer parque de diversiones urbano construido sobre un centro comercial en México y en toda Latinoamérica. Lo construyó Grupo Diniz la misma empresa detrás de ¡Recórcholis! con más de 3,000 personas en la obra y más de 40 contenedores para importar las atracciones desde Europa. Todo esto para que tú y tu grupo de chat sarcástico puedan gritar en pleno sábado sin salir de la ciudad.
Hay una lógica de diseño en ¡KATAPLUM! que no siempre se nombra pero que se siente desde el primer juego: los recorridos duran menos de dos minutos. No porque sean cortos de ideas, sino porque es parte del reglamento operativo del parque. El efecto práctico es que el ritmo no para. Bajas de una atracción y ya tienes la siguiente enfrente. Con 21 juegos mecánicos y más de 30 atracciones en total divididas entre adrenalina, familiar e infantil, hay suficiente para llenar un día sin repetirse, aunque nadie te juzga si Patatús te ganó y quieres volver.

El parque se parte en dos zonas que tienen lógicas distintas. La techada que de hecho cubre más del 70% del espacio total con una gran velaria concentra la mayoría de las atracciones infantiles y familiares: el Chu-Chú que recorre el parque en tren panorámico, Las Aerocletas, el Gusano Loco, y zonas pensadas para los más chicos con juegos de escala y motricidad. La zona al aire libre es donde vive la adrenalina. Si llegas al parque sin haber investigado nada, hay tres nombres que vas a escuchar antes de tu primer minuto adentro. No es casualidad: son los juegos que más gritos generan, los que más videos terminan en TikTok y los que más veces aparecen en conversaciones del tipo «yo nunca me subiría a eso» seguidas por «¿vamos otra vez?».
Insomnio es la montaña rusa fabricada por Vekoma, una de las marcas más reconocidas a escala global en la industria de coaster. Sale del perímetro del parque, se asoma al exterior del edificio y regresa. Cuando la ves desde abajo, parece un error de arquitectura. Cuando la vives desde arriba, la Ciudad de México aparece a tus pies por un segundo que no dura nada y dura todo.
Patatús es un péndulo que da una vuelta completa de 360 grados. El nombre, como todos los juegos del parque, viene de una expresión mexicana. Hay algo genuino en esa decisión de nomenclatura: Patatús, Ñañaras, Vochitos, El Trompo. No es un parque que imite una franquicia internacional; tiene su propia identidad, su propia mitología urbana y sus propios personajes Tato y Tatis que aparecen en los souvenirs, en la heladería ICEE y en cada esquina del lugar.
El Trompo alcanza 60 km/h con un ángulo de inclinación de 150 grados. Es la ruleta de velocidad que te recuerda que el cuerpo tiene límites y que cruzarlos de forma controlada tiene algo liberador difícil de replicar en otros formatos de entretenimiento.

El parque tiene un truco guardado que la mayoría no pone en su lista de pendientes: La Casa de Tato y Tita también llamada La Casa de Tato Cueco, una atracción donde el espacio está construido con una inclinación de aproximadamente 45 grados. Entras caminando y en 30 segundos tu cerebro ya no sabe cuál es el suelo real. La ilusión óptica es tan bien ejecutada que la experiencia se convierte en una pequeña batalla entre tus sentidos y tu lógica. Extraña, desorientadora y completamente disfrutable.
Hay además una experiencia 6D: te colocan lentes, entras a una sala y tienes que interactuar con la pantalla en tiempo real para acumular puntos. Se convierte en competencia sin que nadie lo haya planeado. Es el tipo de atracción que le quita el celular de la mano a cualquiera durante diez minutos.
Los go-karts Gran Premio, como se llama en el parque son costo adicional al Kataporte: desde $110 el sencillo y $160 el doble. No están incluidos en el pase general, pero varios visitantes los reportan como uno de los highlights involuntarios del día; el tipo de plan que nadie propuso y que terminó siendo el más comentado de regreso en el carro.

El acceso general al parque tiene un costo de $140 pesos. El Kataporte que te da entrada ilimitada a las 30 atracciones incluidas durante todo el día vale $390. Para quien va más de dos veces al año, el Kataclub Anual cuesta $799 e incluye acceso ilimitado durante los 365 días, descuentos en alimentos, beneficio de cumpleaños y acceso anticipado a eventos especiales.
Para llegar, la opción más directa es el Metro Línea 12, estación Periférico Oriente. En auto, el acceso es por Periférico Oriente (Canal de Garay); hay estacionamiento disponible y el tip de quien ya va seguido es estacionar cerca de Sears, un nivel abajo de la azotea. El horario regular es viernes a lunes de 11:00 a.m. a 7:00 u 8:00 p.m.; en temporadas altas abre todos los días.
No hay nada que demostrar cuando dices que fuiste a ¡KATAPLUM!. El lugar no opera en la misma lógica de los planes que se documentan para impresionar; opera en la lógica de las cosas que se recuerdan porque fueron genuinamente divertidas. Esa es una distinción que se siente cada vez más relevante en un momento donde el entretenimiento está sobreoptimizado para la pantalla y suboptimizado para el cuerpo.
¿Tiene cosas por afinar? Como cualquier espacio de uso intensivo, sí. El clima puede complicar la experiencia en la zona exterior durante temporada de lluvias. Algunas restricciones de acceso a las atracciones no siempre están señalizadas con toda la visibilidad que deberían. Y aunque el parque tiene una amplitud considerable, en temporadas de alta demanda el flujo puede sentirse más apretado.

Pero hay algo que ¡KATAPLUM! hace muy bien y que no es fácil de fabricar: la sensación de que el día valió la pena sin necesidad de haber gastado una fortuna, recorrido media ciudad ni planificado nada con dos semanas de anticipación. Llegas, te subes a Insomnio, gritas sin pedir permiso y la rutina queda, literalmente, varios metros más abajo.