Una sierra neumática frente al guardabarros de un Porsche 911 SC de 1983 no admite ensayo. El primer corte separa dos maneras de mirar un automóvil clásico: como una pieza que debe conservarse lo más cerca posible de su origen o como una superficie sobre la que todavía puede escribirse otra historia.
Akira Nakai pertenece a la segunda postura. El preparador japonés regresó a México durante julio de 2026 para transformar dos Porsche frente a invitados, medios y miembros de la comunidad automotriz. Uno era un Targa blanco. El otro, un Cabriolet verde. Los autos terminaron con nombres propios: Tenochi y Kodama.
La intervención ocurrió los días 16 y 17 de julio en un espacio presentado como Estudio RWB, sobre la calle Chihuahua, en la Roma Norte. El 18 de julio se realizó la develación de ambos vehículos y una celebración privada en Cursi, organizada por el grupo de hospitalidad Back of House. El programa permitió seguir un proceso que suele conocerse mediante videos editados, fotografías finales y tomas de carrocerías extraordinariamente anchas. Esta vez, el trabajo manual ocupó el centro de la experiencia.
RAUH-Welt Begriff, conocida como RWB, es una firma japonesa especializada en transformar Porsche mediante carrocerías ensanchadas, salpicaderas remachadas, suspensiones rebajadas, rines profundos y proporciones que se alejan deliberadamente de la configuración de fábrica. La propia compañía explica que nació como un pequeño taller en la prefectura de Chiba y que su estilo cruza influencias japonesas con el tuning europeo. También sostiene que crea un solo Porsche RWB para cada cliente, un planteamiento que convierte la personalización individual en parte central del proyecto.

El método de Nakai resulta reconocible incluso antes de contemplar el auto terminado. Examina la carrocería, coloca cinta para marcar los cortes, utiliza herramientas manuales y ajusta los componentes directamente sobre el vehículo. Los remaches permanecen visibles. El ensanche no pretende pasar por una pieza original de Stuttgart. Al contrario: deja evidencia de la intervención. Ahí empieza el conflicto. Para un purista, cortar paneles originales de un Porsche clásico puede parecer una pérdida innecesaria. Para los seguidores de RWB, la irreversibilidad es precisamente lo que otorga peso al gesto. No se trata de envolver el auto con un color temporal ni de instalar un accesorio que pueda retirarse después. La decisión queda inscrita en el metal.
La polémica se entiende mejor al revisar la historia de diseño detrás del Porsche 911, una silueta que ha conservado rasgos identificables durante más de seis décadas. Alterarla implica trabajar sobre uno de los objetos industriales más reconocibles del mundo, no sobre una plataforma anónima. Las jornadas públicas ocuparon tres días, pero los dos vehículos acumulaban un proceso considerablemente más largo. Reportes realizados durante la presentación señalan que el desarrollo conjunto tomó cerca de dos años y que alrededor de año y medio se destinó a preparar pintura, interiores, suspensión, rines y configuración mecánica antes de la llegada de Nakai.

Tenochi comenzó como un Porsche 911 SC Targa blanco de 1983. Su nombre fue inspirado en Tenochtitlán y su configuración buscó una apariencia más contenida: carrocería clara, continuidad tonal entre exterior e interior, asientos Recaro y tela Pepita, un patrón asociado históricamente con Porsche. También recibió un alerón y un ensanche distintos a los del segundo vehículo.
Kodama partió de un Porsche 911 SC Cabriolet verde del mismo año. Su nombre se relaciona con los espíritus de los árboles presentes en el folclor japonés y fue resumido durante la presentación como “espíritu del bosque”. El verde requirió varios meses de pruebas, mientras que los rines WORK fueron fabricados conforme a las dimensiones específicas de la carrocería ensanchada. La elección de un Cabriolet de 1983 agrega otra capa histórica. Porsche identifica ese año modelo como la llegada del primer 911 completamente descapotable con techo de tela, ofrecido junto con las versiones Coupé y Targa. Kodama, por lo tanto, comenzó sobre una variante significativa dentro de la cronología del modelo.

Ambos autos conservan semejanzas evidentes, pero evitan terminar como gemelos pintados de diferente color. Tenochi es visualmente más sereno; Kodama empuja el volumen y la anchura. Esa diferencia refuerza una idea esencial de RWB: el kit puede reconocerse, aunque la configuración final dependa del propietario, del vehículo y de las decisiones tomadas durante el montaje. Back of House organizó la visita como una experiencia de tres jornadas. Durante los primeros dos días se realizaron recorridos privados para observar la intervención. El tercero se reservó para la presentación final, seguida por una reunión en Cursi con música y coctelería.
La decisión de mostrar el trabajo transforma la función habitual de la hospitalidad. El anfitrión no se limita a recibir invitados alrededor de un objeto terminado. Diseña las condiciones para que el público permanezca frente al proceso: el ruido, la espera, las pruebas de ajuste, la concentración y los instantes en los que una pieza todavía parece no pertenecer al automóvil. Esto también revela cómo está madurando la cultura de las experiencias automotrices en México. El interés ya no se concentra únicamente en poseer, conducir o fotografiar un auto. También existe deseo por comprender quién lo construyó, cómo tomó sus decisiones y qué comunidad se reúne alrededor de la máquina.

En una industria donde muchas configuraciones comienzan frente a una pantalla, el atractivo de Nakai se encuentra en la presencia física. Su método no rechaza toda preparación tecnológica: Kodama, por ejemplo, pasó por herramientas de visualización antes de fijar su color y proporciones. Sin embargo, el momento decisivo sigue ocurriendo con el creador frente al vehículo. Los autos no aparecen por intuición pura ni por un impulso improvisado de tres días. Detrás del montaje existen meses de planeación, desarrollo de componentes, revisión mecánica y conversaciones con sus propietarios. La mano de Nakai resulta decisiva, pero llega al final de una cadena mucho más amplia.
Un Porsche RWB no busca resolver la discusión entre preservación y modificación, la hace visible. Quien valore la originalidad, la procedencia y la conservación histórica probablemente seguirá sintiendo incomodidad al ver la sierra acercarse a una carrocería de 1983. Esa reacción es razonable. La modificación elimina la posibilidad de regresar fácilmente al estado anterior y coloca la visión del preparador por encima de una parte del diseño de fábrica.
Quien valore la autoría, la personalización y el trabajo manual observará otra cosa: un automóvil que adquiere una biografía distinta. Tenochi y Kodama continúan siendo Porsche, pero ya no pueden explicarse únicamente mediante su número de modelo, año o versión. También pertenecen a sus propietarios, al equipo que los preparó y a la firma de Nakai. La cuestión interesante no consiste en decidir si todo Porsche debería transformarse. Sería una conclusión pobre. Lo relevante es aceptar que incluso un objeto venerado puede provocar lecturas opuestas: patrimonio para unos, material creativo para otros.
El sonido de la sierra concentra esa tensión, puede escucharse como destrucción o como el inicio de una segunda vida. Ninguna etiqueta convierte automáticamente el resultado en arte. Lo que sí existe es una decisión difícil de borrar, ejecutada por una persona cuyo trabajo puede identificarse antes de leer el emblema.

Tenochi y Kodama salieron del estudio con proporciones nuevas, nombres propios y una historia imposible de separar del momento en que dejaron de estar intactos. Quizá esa sea la verdadera razón por la que tanta gente quiso observar el corte.