Una cadena puede ser un accesorio. También puede funcionar como una especie de coordenada cultural. Durante una visita de Braggao a Colombia, la firma mexicana de joyería se encontró con Simón Bermúdez, creador y director creativo de Undergold, y desarrolló especialmente para él una cadena de tejido infinito en oro rosa sólido, acompañada por diamantes y un broche de la propia casa. La entrega ocurrió backstage y la presentación tuvo tanto peso como la pieza: un maletín y una bandeja fueron personalizados para el momento, según la información compartida por Braggao. Podría quedarse ahí: dos marcas, una joya, varias fotografías, pero Medellín cambia la lectura.
Undergold nació en esa ciudad en 2016 y define su propuesta alrededor del streetwear, la música, el deporte y referencias a la alta costura. Su propio sitio identifica a Bermúdez como creador y director creativo. Para 2026, la marca ocupó además uno de los escaparates más visibles de la industria colombiana: cerró Colombiamoda el 30 de julio en Parque de las Luces con ACT I: Life Is an Act of Faith. La cadena de Braggao aparece, entonces, en un momento interesante: cuando el streetwear producido en Latinoamérica está dejando de ser tratado simplemente como adaptación local de códigos desarrollados en otras ciudades.
Durante años, hablar de moda urbana global significaba regresar a unas cuantas coordenadas previsibles: Nueva York, Los Ángeles, Londres, París o Tokio. Medellín está complicando ese mapa. El ascenso de la música urbana colombiana ayudó a construir alrededor de la ciudad una infraestructura estética en la que artistas, diseñadores, stylists, marcas y consumidores comenzaron a alimentarse mutuamente. En 2025, El País identificó a Undergold, True y Monastery entre las firmas beneficiadas por ese ecosistema y señaló que Undergold había llegado a la semana de la moda de París, entrado al mercado mexicano y generado aproximadamente 20% de sus ventas mediante exportaciones. Lo relevante no es convertir Medellín en la próxima capital que sustituirá a alguna anterior. Resulta más interesante que sus creadores estén construyendo referencias propias.


Braggao se presenta públicamente como una marca mexicana especializada en joyería fina y piezas personalizadas. No es la primera vez que la firma utiliza la personalización para acercarse a territorios procedentes del streetwear, el arte o la música: en México, su trabajo con Kiko Báez llevó incluso un personaje de Astro Boy al terreno de una pieza articulada de oro blanco, rubíes y microingeniería. Esa historia permite entender mejor el regalo a Bermúdez. No estamos viendo el procedimiento habitual de colocar joyería sobre un look terminado. La pieza se plantea alrededor de una persona que construye imágenes profesionalmente.

La vieja regla de que una joya para hombre debía ser discreta, funcional o deliberadamente austera ha perdido fuerza. Una cadena de oro rosa con diamantes puede convivir ahora con una camiseta oversized, un cuero trabajado, sneakers o una gorra sin que exista necesariamente una contradicción. En Medellín, ese desplazamiento es particularmente visible. Especialistas consultados por El País han relacionado la estética urbana de la ciudad con una masculinidad más dispuesta al cuidado personal y al ornamento que algunas tradiciones del hip hop asociadas históricamente con una expresión visual más rígida de rudeza.

Una joyería mexicana entra al backstage de una firma colombiana; Simón recibe la pieza; y alrededor aparecen otros nombres vinculados a ese mismo circuito creativo. Según Braggao, Báez llevó su cadena Astroboy, mientras Randal utilizó un set de joyería de la casa durante el evento. No hace falta convertir esas apariciones en un movimiento cultural enorme; basta observar el patrón.
Hay una generación de creativos latinoamericanos que no parece demasiado interesada en respetar la antigua división entre “street” y “luxury”. Una sudadera puede compartir espacio con diamantes. Una marca nacida en Medellín puede cerrar Colombiamoda y mirar hacia mercados internacionales. Una joyería mexicana puede encontrar interlocutores creativos en Colombia sin que Europa funcione como intermediario cultural.

Para quien viste, la lección tampoco necesita complicarse: la joyería masculina funciona mejor cuando tiene una relación real con la persona que la lleva. No importa demasiado si es oro, plata, una cadena mínima o una pieza de alto valor; importa que el accesorio no parezca prestado por un personaje que no eres. En el caso de Simón Bermúdez, ese objeto llegó en oro rosa y diamantes. Su contexto, sin embargo, está hecho en Latinoamérica.