Riding the edge: #EDGED2 y el invierno a toda velocidad en Dsquared2 Fall/Winter 2026

A esa hora en la que la ciudad se queda sin ruido cuando solo escuchas el zumbido del refrigerador y tu propia respiración es fácil caer en la misma rutina: abrir el celular, deslizar, buscar algo que te despierte. Y de pronto aparece nieve donde no debería haberla. Un bosque blanco, una escalera helada, luces que cortan la niebla como si fueran faros en una carretera de madrugada. La sensación es rara: no estás ahí, pero el cuerpo reacciona igual. Se te eriza el antebrazo. Te dan ganas de apretar los dientes.

Porque “vivir al límite” ya no suena a frase de póster. Se siente más como una agenda apretada, un gimnasio lleno, un trabajo que no perdona, una ansiedad que te pide control. La pregunta real es otra: ¿cuánta protección necesitas para moverte rápido sin romperte? En Milán, el 16 de enero de 2026, esa pregunta se volvió pasarela. No con discursos, sino con ropa que parece armadura y con una estética que mezcla deporte, fantasía y deseo.

La moda masculina lleva rato obsesionada con el performance. No solo por comodidad: por identidad. Vestirte “técnico” es decir que tu día no se detiene. Que puedes salir de una junta, subirte al coche, correr por un café, cruzar la ciudad, sobrevivir a la noche… y seguir viéndote sólido. La entrada fue teatral: una escalera escarchada en medio de un “bosque” nevado, como si el invierno fuera un escenario construido para probarte. Y sí, el guiño olímpico estuvo ahí: Milán y Cortina se preparan para los Juegos de Invierno (6 al 22 de febrero de 2026), así que la ciudad ya respira deporte, medallas, competencia.

Pero lo que se sintió no fue patriotismo deportivo; fue espectáculo con nervio. Las paredes recordaban a las tablas de una pista de hockey, el piso estaba cubierto de nieve falsa, y la energía se movía entre tribuna y rave. El lugar también importa: Rubattino56, al oriente de Milán, con show a las 20:00 y un after inmediatamente después en el mismo venue (agenda oficial). Esa continuidad pasarela que se convierte en noche te dice algo sin decirlo: aquí no hay pausa.

Lo primero que golpea es el volumen. Chamarra inflada como barricada. Parkas que te envuelven. Capas encima de capas, como si el frío fuera una amenaza personal. La idea no es “abrígate”: es construir presencia. Hay algo casi cinematográfico en ver un puffer enorme sobre un traje oversized: formalidad aplastada por supervivencia, pero sin perder porte. Y debajo, referencias deportivas directas: bases de ski, tejidos tipo long johns, cuellos altos recortados que recuerdan a dorsales de competencia. Luego viene el contraste: piel expuesta y abrigo brutal. El juego de “frío/caliente” no es sutil: torsos al aire con piezas de textura peluda, abrigos voluminosos, teddy jackets, y ese tipo de denim que brilla como si tuviera escarcha encima lentejuelas, shearling, todo pensado para que la luz rebote.

Y sí: cuando aparecen texturas tipo fur, la conversación se pone seria. Porque aunque el look sea poderoso, el consumidor de 20–35 ya trae otra conciencia: origen, materiales, trazabilidad, alternativas. No se trata de moralizar; se trata de entender que el lujo hoy también es poder preguntar “¿de qué está hecho esto y por qué?”. Siluetas corseteadas hechas de puffers apilados (mini vestidos que parecen armadura futurista), tops tipo bustier con leggings, látex brillante que esculpe el cuerpo como si fuera hardware. Y botas de ski con cuña: literalmente elevarte para dominar la escena. Es cyberpunk, sí, pero con glamour helado.

Nils Kuesel
Boggi Gnatovich
Dayker Salas
Jacob Rott

Hay un detalle que cambió la atmósfera: un soundtrack creado con tecnología de IA, pensado para traducir el estado emocional actual de los diseñadores. No como fondo, sino como narrativa. El objeto perfecto de esta lógica fue el eyewear híbrido desarrollado con Carrera: inspirado en goggles setenteros, con un sistema magnético que permite quitar y poner piezas, reemplazando las varillas por una banda elástica co-brandeada. Negro, blanco y rojo; diseño pensado para moverse, no para posar.

#EDGED2 funciona porque no intenta “gustarle” a todos: se atreve a ser exceso, deporte, fantasía, tecnología y deseo en el mismo cuadro. Y aun así, deja espacio para una pregunta muy humana: ¿tu estilo te impulsa… o te exige demasiado?

Al final, lo más interesante de Dsquared2 Fall/Winter 2026 no es la nieve (fake) ni el volumen (real). Es el mensaje silencioso: vivir al filo se ve increíble… pero requiere inteligencia para no caerte.

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