La pregunta incómoda de San Valentín: ¿con quién compartes tus Calvins?

La escena no es una cena con reservas imposibles ni un ramo gigantesco. Es otra: el foco cálido de la sala, el sonido leve de una playlist que no pide atención, el celular vibrando con notificaciones que nadie abre… y esa sensación rara de que el mundo te exige “demostrar” algo justo cuando lo único que quieres es estar en paz.

Porque a los 20–35, el amor ya no se trata solo de encontrar a alguien: también se trata de sostenerte a ti mismo. De aprender a estar cerca sin perderte. De entender cuándo el romance es performance y cuándo, de verdad, hay calma. Y ahí es donde una pregunta simple pega más fuerte de lo que parece: ¿con quién compartes tus Calvins?

“Our Calvins” arranca con Grace Van Patten y Jackson White, pareja dentro y fuera de cámara (sí: Tell Me Lies también dejó huella en la vida real), retratados en una intimidad que no depende del escándalo. No hay una narrativa de “lo sexy” como grito: hay una narrativa de lo cómodo como lujo. El lente y la dirección son de Zora Sicher, y eso importa: la atmósfera tiene ese pulso editorial donde lo íntimo se construye con microdetalles la caída de una camiseta, la luz entrando por una ventana, el gesto de acercarte sin prisa.

Grace lo resume con una claridad que se agradece en tiempos de frases prefabricadas: confianza, conexión y estar cómodo en tu propia piel. Que San Valentín sea “una excusa” para celebrar cercanía suena más honesto que vender la fantasía del amor perfecto. Y Jackson agrega el matiz que muchos hombres actuales reconocen sin alardes: hay intimidades que se sienten diferentes cuando estás presente, sin capas extra, sin personajes, sin distracciones.

Hace una década, #mycalvins se volvió un parteaguas porque entendió antes que muchos que el cuerpo también vive en internet: la campaña empujó a la gente a subir su propia foto, a jugar con la idea de identidad pública, a convertir la ropa interior en conversación cultural. La evolución hacia “Our” cambia el ángulo: ya no es solo “mírame”. Es “mira lo que construimos”. Pareja, vínculo, complicidad. Una intimidad compartida que en teoría suena más madura, más emocionalmente inteligente.

La colección limitada de ropa interior y loungewear se construye sobre un principio sencillo: capas íntimas diseñadas para la cercanía, con colores suaves y estampados especiales que no gritan, pero sí se notan. Para hombre, el foco cae en Icon Cotton Stretch, actualizado con el estampado CK Emblem: un patrón gráfico que nació en denim y outerwear y ahora aterriza en ropa interior para darle un filo limpio a siluetas clásicas.

También aparecen piezas como Cotton Poplin Brief y Short con una paleta limitada esa vibra de “edición” que hace que algo esencial se sienta especial. La idea general: mezclar, combinar y compartir. Hay una forma vieja de entender la masculinidad donde el deseo siempre tiene que ser ruidoso, pose, dominio, cero vulnerabilidad. En 2026, ese guion se siente caro… y no en el buen sentido.

Lo interesante es que, desde hace rato, la firma neoyorquina ha empujado campañas donde la sensualidad convive con la identidad, ya sea desde lo pop, lo minimalista o lo emocional. Esa tensión ser visto vs. ser sentido atraviesa su storytelling reciente

Y también ha sabido entrar a conversaciones de representación cuando el contexto lo exige, como en campañas donde la expresión personal no es un accesorio, sino el centro del mensaje. Ahora, con “Our Calvins”, el statement (sin frases grandilocuentes) se siente más doméstico: la casa como escenario. La intimidad como un lugar seguro. El “quedarnos en ropa interior” no como truco, sino como metáfora: quedarte con lo esencial, con lo real.

“Our Calvins” aterriza justo ahí: en el punto donde el deseo no compite con la tranquilidad, y donde el estilo no necesita gritar para ser potente.

Pero también deja una tarea abierta para nosotros: proteger lo que no necesita audiencia. Elegir cuándo compartir y cuándo vivir. Y entender que, en un mundo que nos quiere siempre visibles, a veces lo más masculino lo más sólido es saber estar cerca sin convertirlo en espectáculo.

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