Es domingo por la tarde, probablemente tienes los pies destrozados por los loafers que decidiste estrenar el miércoles, tu carrete de fotos está saturado de formas abstractas que prometiste investigar después y sientes esa mezcla particular de agotamiento físico y sobreestimulación visual. Si estuviste en el Centro Banamex entre el 4 y el 8 de febrero, sabes exactamente de lo que hablamos. Y si no, seguramente tu feed de Instagram te lo contó todo.
La narrativa de que el arte es solo para una élite silenciosa que bebe champaña en copas de cristal cortado ha muerto, o al menos, ha mutado. Para nuestra generación, la Semana del Arte en la Ciudad de México se ha convertido en algo más que una feria comercial: es un termómetro cultural. Es el momento del año donde la ciudad se viste de gala, sí, pero también donde nos enfrentamos a preguntas incómodas sobre quiénes somos, qué consumimos y, sobre todo, en qué decidimos invertir nuestra atención (y nuestro dinero).
Este 2026, la edición 22 de ZsONA MACO no fue solo una exhibición de lienzos y esculturas; fue una declaración de cómo el estilo de vida contemporáneo ha borrado las fronteras entre el diseño, el arte, la fiesta y el networking. Aquí no venimos solo a ver; venimos a ser parte de la conversación.

Llegar a la feria siempre es una odisea. El tráfico en Conscripto y las advertencias sobre las obras en Periférico Norte se convirtieron en el primer filtro de entrada: solo llega quien realmente quiere estar. Pero una vez que cruzas las puertas del Centro Banamex, la atmósfera cambia. Hay una electricidad en el aire que no encuentras en ningún otro evento en la CDMX.
Este año, la dirección artística de Direlia Lazo se sintió particularmente afilada. No se trató solo de llenar pasillos con galerías internacionales (aunque hubo más de 200 de 27 países), sino de cómo esas piezas dialogaban con nosotros. Caminar por la Sección General fue encontrarse con los sospechosos habituales Kurimanzutto, OMR, Travesía Cuatro, pero también notar una presencia mucho más fuerte de discursos que nos interpelan directamente: la identidad, el sur global y la tecnología.
La sección ZSONAMACO EJES, curada por Aimé Iglesias Lukin, fue quizás el punto más interesante para quienes buscan algo más que decoración. Bajo la temática del “intercambio”, las galerías participantes nos recordaron que el arte es, ante todo, una transacción de ideas en un mundo donde las fronteras físicas y digitales son cada vez más confusas. Para un hombre NEOMEN, que vive hiperconectado, ver estas tensiones geopolíticas plasmadas en instalaciones te obliga a detenerte y pensar: ¿qué estoy aportando yo a este intercambio?

Hay una realidad innegable: nuestra generación está obsesionada con el espacio que habita. Ya no nos basta con colgar un póster; queremos que la silla, la lámpara y la mesa cuenten una historia. Aquí es donde ZSONAMACO DISEÑO y la nueva iniciativa FORMA brillaron con luz propia.
La integración entre arte y diseño utilitario es la tendencia definitiva. FORMA, ubicada estratégicamente entre las secciones de arte contemporáneo y diseño, borró la línea divisoria. Ver piezas de Carpenters Workshop Gallery o Rademakers Gallery nos confirmó que el coleccionismo moderno no distingue entre “lo que se ve” y “lo que se usa”. Una pieza de diseño coleccionable es tan válida como un óleo sobre lienzo.
Para el ojo entrenado, Diseño Emergente fue el verdadero laboratorio de tendencias. Curado por Cecilia León de la Barra, Joel Escalona y Jorge Diego Etienne, este espacio mostró a jóvenes creadores mexicanos que no le piden nada a la escena escandinava o japonesa. Materiales crudos, procesos artesanales reinterpretados y una honestidad brutal en la manufactura. Si estás pensando en iniciar una colección sin descapitalizarte de golpe, aquí es donde debiste poner el ojo.
Al salir de la feria, queda una reflexión pendiente. ¿Es ZsONA MACO un evento elitista? Por diseño, sí. Pero su impacto es democratizador. A través de iniciativas como ZSONAMACO FOTO o las conferencias abiertas con figuras de museos internacionales como el MALBA o el Museo Jumex, la feria abre una ventana que antes estaba cerrada con candado.


Nos enfrentamos a la paradoja del “Instagram Art”: piezas que parecen hechas para la foto viral. Sin embargo, al recorrer los pasillos, te das cuenta de que la verdadera experiencia no cabe en una pantalla de 6 pulgadas. La textura de un textil en la sección de antigüedades, el olor a madera en la zona de diseño, el silencio que impone una obra monumental; eso es intransferible.
ZsONA MACO 2026 nos deja con la certeza de que México no solo es un espectador en el mercado global del arte, sino un protagonista agresivo y sofisticado. Ya no basta con “ir a ver qué hay”. La próxima vez, el reto es involucrarse más a fondo: preguntar al galerista, investigar al artista emergente, entender el contexto de la pieza. Porque al final del día, el verdadero lujo no es poseer el objeto, sino entender el mundo que lo hizo posible.

Nos vemos en 2027. Empieza a ahorrar (y a planear tus outfits) desde hoy.