Hay algo extraño sucediendo con la forma en que consumimos moda y vida últimamente. Si te detienes un segundo en medio de la vorágine de scroll infinito, notarás que el péndulo está regresando.
Nos hemos saturado tanto de la estridencia, de los logotipos que gritan y de las prendas que parecen disfraces para un video musical, que el verdadero lujo ahora se siente como un susurro. Imagina caminar por Nueva York, rodeado del ruido incesante de la ciudad, y de pronto entrar a una habitación insonorizada donde solo importa la arquitectura y la luz. Esa es, precisamente, la sensación que deja el debut de Veronica Leoni.
No se trata de «regresar a lo básico», una frase que hemos escuchado hasta el cansancio y que a menudo esconde falta de ideas. Se trata de algo más visceral. Cuando todo el mundo está tratando de llamar la atención, la confianza absoluta radica en la precisión. En The Shed, en Nueva York, no vimos un espectáculo de luces cegadoras para distraer, sino una disección quirúrgica de lo que significa vestirse bien hoy.
Aquí es donde entra la tensión cultural actual: ¿seguimos vistiendo para la cámara del celular o empezamos a vestir para la experiencia táctil de la vida real? La respuesta de Calvin Klein Collection para este Otoño 2026 es contundente: la ropa debe dialogar primero con el cuerpo que la habita, y después con el mundo que la mira.

Lo primero que notas es la silueta. Olvida por un momento el oversize descuidado que dominó los últimos cinco años. La propuesta de Leoni recupera una verticalidad casi arquitectónica. Las figuras son altas, rectas, sin concesiones. Hay una cierta arrogancia elegante en la forma en que un abrigo cae perfectamente plomado sobre los hombros, o en cómo un traje sastre se ciñe al cuerpo sin asfixiarlo.
Esta colección revive el espíritu de finales de los setenta y principios de los ochenta, esa época dorada donde la marca definió una sexualidad intelectual. No es la sensualidad obvia; es una «elegancia hedonista». Es el culto al cuerpo, sí, pero no desde la vanidad superficial, sino desde la satisfacción de saber que lo que llevas puesto acentúa tu propia arquitectura física.




Quizás el punto más alto de esta narrativa, y el que más resuena con un estilo de vida urbano y práctico, es el tratamiento del denim. Para muchos, la mezclilla es la prenda de batalla, lo informal. Aquí, Leoni reescribe las reglas interpretando el archivo de 1976 el primer denim en pasarela de la historia de la marca.
Imagínate llevar un traje completo de mezclilla, pero con la rigurosidad de la sastrería italiana, usado bajo un abrigo de corte estilizado. Eso es lo que vimos: chaquetas aviador y trench coats con el logotipo original escrito a mano, pero ejecutados con una nobleza que rivaliza con la lana fría o el terciopelo. Es una lección de estilo: elevar lo cotidiano a la categoría de objeto de deseo.
Los materiales juegan un rol fundamental en esta escena urbana. No todo es negro y gris; hay destellos de naranja tangerina y burdeos que rompen la monotonía, como luces de neón reflejadas en el asfalto mojado. Desde lanas secas hasta satén laminado y shearling (piel de borrego) que sugiere grandeza, la colección es un festín táctil.
Sin embargo, hay que ser críticos y poner las cosas en balanza. Esta propuesta de «lujo silencioso» elevado al extremo puede, para algunos, sentirse distante. En un mercado latinoamericano que a menudo celebra el color, el volumen y la exuberancia, la sobriedad radical de Calvin Klein Collection presenta un reto: ¿cómo adaptar esta estética neoyorquina a nuestra realidad sin vernos disfrazados de «arquitectos de Berlín»?

El desafío está en la actitud. La ropa de esta colección exige una postura. No es ropa que te «hace el look» por sí sola; requiere que quien la use tenga la personalidad para sostenerla. Si no hay sustancia detrás de la prenda, el look se cae. Es una moda que no perdona la inseguridad. Y tal vez eso es lo que necesitamos: menos ropa que nos disfrace y más piezas que nos obliguen a estar a la altura.
Además, es interesante ver quiénes están adoptando este discurso. En la primera fila vimos desde JENNIE y Dakota Johnson hasta íconos masculinos de estilo como Mark Ronson y Dominic Sessa. No es un uniforme para un solo tipo de persona, sino un lienzo para quienes entienden que el estilo es una forma de inteligencia visual.

Al final del día, lo que Veronica Leoni ha logrado con Calvin Klein Collection Fall 2026 es recordarnos el poder de la contención. En un mundo que grita, el que habla bajo y claro es el que realmente controla la sala.
Esta colección nos invita a reconsiderar nuestro armario. No se trata de salir a comprar por comprar, sino de buscar esas piezas esenciales un buen abrigo, un traje de denim impecable, un sastre preciso que nos devuelvan esa sensación de empoderamiento e indulgencia personal.