Hay una diferencia considerable entre tener muchos zapatos y sentarse literalmente sobre miles de ellos. En la imagen que concentra toda la energía de la campaña Otoño-Invierno 2026 de Ferragamo, Anok Yai ocupa un trono construido con calzado. No parece particularmente sorprendida por la situación. Tampoco debería: el exceso es precisamente el punto.
La pieza debajo de ella no fue fabricada para la sesión ni diseñada como escenografía. Se trata de Made in the Philippines IV, una escultura realizada por Willie Cole en 1994 que actualmente forma parte de la colección del Museum Voorlinden, en Países Bajos. Según el propio artista, su construcción reúne aproximadamente entre 2,500 y 3,000 zapatos. Johnny Dufort la fotografía tres décadas después y Ferragamo la utiliza para regresar a una obsesión que acompaña a la casa prácticamente desde su origen.
La campaña FW26 está dirigida creativamente por Maximilian Davis, fotografiada y dirigida por Johnny Dufort y estilizada por Lotta Volkova. Junto con Yai aparecen Jingyu Huang, Ning Chang, Vittoria Ceretti y Thibaud Charon. El punto de partida oficial es una imagen recurrente del archivo Ferragamo: estrellas de cine rodeadas por cantidades casi absurdas de calzado, lo interesante empieza cuando esa vieja fantasía cambia de significado. Ferragamo tiene una ventaja que muchas marcas de lujo intentan fabricar retrospectivamente: su relación con las celebridades y el cine no comenzó con una estrategia de influencers.

Salvatore Ferragamo abrió su tienda de Hollywood en 1923, frente al Egyptian Theatre. Trabajó en calzado para producciones cinematográficas, teatro y ballet y terminó siendo conocido como el “Shoemaker to the Stars”. El Museo Ferragamo documenta además que aquellos zapatos hoy funcionan como registros de innovación material, anatomía, artesanía y cultura de su época, no simplemente como piezas bonitas conservadas en una vitrina. Por eso la imagen de una estrella rodeada de zapatos tiene una memoria concreta dentro de esta casa.

Johnny Dufort no intenta reproducirla como fotografía retro. La lleva hacia la distorsión: escala, acumulación y objetos familiares empiezan a comportarse ligeramente raro. Es una elección coherente con las referencias al Surrealismo y al Dadaísmo que Davis ha incorporado a sus colecciones recientes y que él mismo menciona al explicar la inclusión de Cole. También representa un cambio respecto a la Ferragamo que vimos hace unos meses en La Prima Impressione, donde el cine funcionaba a partir de silencios, relaciones familiares y tensión contenida. Aquí no hay que descifrar tanto. Hay zapatos por todas partes.
Desde hace décadas, el artista utiliza objetos cotidianos como materia para producir otras formas. Frente a Ferragamo explica su proceso casi como si desmontara la función original de cada cosa: una vez dentro del estudio, deja de mirar un objeto por lo que fue y comienza a tratarlo como un elemento capaz de convertirse en otra cosa. El lujo suele proteger obsesivamente sus objetos. Cole hace lo contrario: repite, amontona, perfora, desarma y reorganiza. Su silla convierte miles de unidades individuales en una estructura nueva. De lejos todavía reconoces el zapato; de cerca deja de ser protagonista y empieza a funcionar como molécula.

Ferragamo destaca un stiletto basado en un diseño de 1954, el Opanka derivado de una innovación desarrollada originalmente en 1957 y una nueva interpretación acolchada de la Varina. El stiletto de punta marcada y una slingback de escote profundo también figuraron como piezas centrales de la pasarela Otoño-Invierno 2026. En accesorios aparecen el nuevo Cara, construido en piel de becerro con estructura de acordeón y herraje Gancini, y una versión East-West del Hug con proporciones horizontales.
Sería fácil describir todo eso como “homenajes al archivo”. El problema es que un archivo no merece interés solo por ser antiguo. La pregunta útil es cuánto puede modificarse una referencia hasta volver a tener sentido para alguien que no experimentó el original. Thibaud Charon forma parte del casting y Ferragamo presenta nuevos clásicos formales masculinos construidos alrededor del oficio zapatero de la casa. También incorpora un messenger masculino pensado desde una funcionalidad más urbana.

Ferragamo podía haber utilizado su archivo, colocar sus zapatos históricos junto a modelos actuales y dejar que la nostalgia hiciera el resto. La silla de Willie Cole impide esa lectura cómoda, en ella hay acumulación, repetición y cierta violencia hacia la función original del producto. Precisamente por eso consigue expresar la obsesión mejor que una vitrina impecable.

FW26 no demuestra que todo lo antiguo merece regresar. Propone algo bastante más útil: para que una herencia siga produciendo deseo, de vez en cuando hay que dejar que alguien la desarme.