Antes de Other People hubo alrededor de veinte nombres; ninguno terminaba de funcionar. Entonces Omar Ochoa vio Interstellar. Dos palabras se quedaron dando vueltas en su cabeza y eventualmente terminaron sobre una puerta en Ciudad de México: Other People.
La película no tiene una conexión secreta con la agencia ni existe una teoría de Christopher Nolan escondida detrás del branding, lo interesante ocurrió después. El nombre comenzó a significar algo para quienes trabajaban ahí: los otros, una colección de personas diferentes dentro de una industria donde, cuando el proyecto comenzó, esa diferencia no siempre parecía una ventaja. Omar ha contado que la agencia fue cargando esas dos palabras con las historias, estilos y maneras de pensar de quienes pasaron por ella. Doce años después existe una pequeña ironía. Other People ya no es exactamente un outsider.
Nació alrededor de una mesa con cuatro personas; en 2026 supera las 40. Ha sobrevivido a un terremoto, una pandemia, la transformación digital de las relaciones públicas y una industria donde los medios, los creadores, las marcas y la tecnología cambiaron varias veces de lugar. Y justo cuando el camino empresarial convencional sugeriría hacerse todavía más grande, Omar dice que no quiere una compañía gigante: imagina un límite cercano a 50 colaboradores. Ahí empieza realmente esta historia, no en cuánto puede crecer Other People, en cuánto necesita crecer sin dejar de parecerse a sí misma.
Omar se describe como michoacano, muy queretano y completamente achilangado. Pasó 28 años en Querétaro, pero recuerda visitar Ciudad de México desde niño y pensar que algún día tenía que vivir aquí. Tenía cinco o seis años cuando ya asociaba la capital con aquello que todavía no sabía nombrar del todo: creatividad, estímulo, posibilidad. Décadas después lo explicaría como una ciudad capaz de “catapultar” lo que tenía en la cabeza. A los 33 años la vida profesional estaba bastante más resuelta. Dirigía relaciones públicas en otra agencia, tenía clientes y una posición cómoda. Alfredo Couturier, su esposo y posteriormente cofundador, fue quien volvió incómoda esa comodidad: si Omar quería hacer todas esas cosas que imaginaba, tendría que construir un lugar donde pudiera hacerlas.

La versión fácil sería contar la historia del fundador visionario que abandonó la seguridad y creó una empresa. La real es más interesante porque requiere dos personas. Caras describió posteriormente a Omar y Alfredo como una dupla complementaria: uno más impulsado por la posibilidad creativa y el otro funcionando como contrapeso pragmático capaz de aterrizarla. Tal vez Other People empezó a ser other justo ahí: no intentando que todos pensaran igual, sino haciendo productiva la diferencia.
Una agencia dedicada a relaciones públicas pasa buena parte de su vida profesional construyendo comunidades para otros. En septiembre de 2017, esa idea se volvió mucho menos abstracta. Las oficinas estaban en una de las zonas impactadas por el terremoto del 19S. El equipo presenció parte de la emergencia; las instalaciones dejaron temporalmente de funcionar como oficinas y se utilizaron para apoyar a voluntarios, brigadistas y personas que necesitaban conectarse, utilizar un baño o simplemente tomar agua. Después apareció #SoyMiBarrio, una iniciativa diseñada para mantener la solidaridad más allá de los primeros días y ayudar a reactivar el consumo y la actividad económica de colonias afectadas.
Las cronologías de aniversario suelen hacer parecer que cada año conducía inevitablemente al siguiente. La historia real de Other People tiene una interrupción. En 2020, una compañía acostumbrada a reunir personas, producir experiencias y trabajar alrededor de espacios físicos se encontró en un mundo donde reunir personas era precisamente lo que no debía hacerse. Omar reconoce que la pandemia fue uno de esos momentos en los que pensaron en tirar la toalla; no lo hicieron.
Campañas, lanzamientos y experiencias tuvieron que trasladarse rápidamente a entornos digitales y un proceso de transformación que probablemente habría tomado años se comprimió en meses. Eso vuelve mucho más creíble algo que Omar dijo durante nuestra propia conversación: en doce años han “tocado el cielo” y también el suelo. No toda permanencia es resultado de haber sabido exactamente qué hacer. A veces consiste en no desaparecer mientras descubres qué hacer después. Y quizá ese sea uno de los cambios más profundos de las relaciones públicas contemporáneas. El oficio que alguna vez podía imaginarse alrededor de una lista de medios y un comunicado ahora vive entre contenido, creadores, experiencias físicas, teléfonos, comunidades y herramientas de inteligencia artificial. El PR no murió, simplemente dejó de caber en un solo departamento.


Hay un problema extraño en trabajar durante años alrededor de hoteles, cenas, viajes, lanzamientos y experiencias que para otras personas serían excepcionales, eventualmente puede convertirse en martes. Cuando le preguntamos a Omar cómo evita que eso ocurra, su respuesta se hizo pequeña: un café, caminar, una calle desconocida durante un viaje. Regresar a lugares que alguna vez le hicieron imaginar una vida diferente: “que las cosas simples te vuelvan a llenar los ojos”, dice.
También habla de observar a las personas más jóvenes que llegan a trabajar. De verlas resolver en horas cosas que su generación habría tardado días en solucionar. De inteligencia artificial, nuevas herramientas y otras formas de pensar. En vez de utilizar doce años de experiencia para asumir que conoce las respuestas, parece más interesado en conservar la capacidad de sorprenderse cuando alguien encuentra una mejor. Quizá por eso una de sus escenas favoritas sigue ocurriendo camino a trabajar.
Omar vive a tres cuadras de la agencia. Llega caminando y, en algún punto, aparece frente a él el edificio de cristal de Other People. Lo conoce perfectamente y aun así hay días en los que lo mira desde lejos y piensa: hicimos esto.
La campaña de aniversario utiliza una frase: “Doce años apostando por hacer las cosas diferentes.” La celebración incluso terminó aterrizando en una colaboración con Santo Gelateria, debajo de las oficinas, donde durante septiembre un helado creado para el aniversario convirtió algo normalmente reservado a invitados en algo que cualquier persona podía probar; es un buen detalle.

Pero la pregunta más interesante ya no es si Other People sabe hacer cosas diferentes. Después de doce años, la pregunta es si puede continuar siendo other ahora que ya forma parte del paisaje. Tal vez crecer bien consista justamente en eso, no en hacerse pequeño por nostalgia ni enorme por inercia, en saber hasta dónde crecer sin dejar de reconocerte cuando ves tu reflejo en el edificio.