En AZCA, el distrito financiero de Madrid, el concreto y el vidrio no se detienen por nadie. Es un paisaje hecho para el tránsito: oficinas, horarios, gente que pasa sin mirar a los lados. Ahí ocurre FIGURA. Son dos hombres, un solo día y una distancia que nunca termina de cerrarse.
La jornada empieza en la sastrería, con blazers estructurados, un doble botonadura blanco, terciopelo oscuro, zapatos de piel y el peso de un código social que se lleva puesto. Es la versión del cuerpo que la ciudad espera ver: contenida, correcta, en orden.




Con las horas, ese código se desarma. Las camisas se abren, el traje cede ante el denim y la camiseta sin mangas, y los mocasines dejan su lugar a los tenis. La calle se impone sobre la etiqueta, y lo que antes cubría la ropa empieza a quedar a la vista.




Entre ambos hay una asimetría que lo sostiene todo. Uno mira al otro, y el otro no lo sabe. En cada cuadro sus miradas se cruzan a destiempo: cuando uno voltea, el otro ya está en otra parte. Incluso cuando comparten el mismo encuadre, la conexión queda pendiente, como algo que estuvo a punto de pasar.






Alrededor, la arquitectura brutalista observa sin interés. La ciudad no registra lo que pasa entre ellos, y quizá ese sea el punto. FIGURA retrata el deseo como una experiencia privada y unilateral, ese instante preciso en el que quieres a alguien que no está mirando de vuelta.








El traje es el primer lenguaje. El cuerpo que lo habita es el más antiguo.
- Fotografía y dirección creativa: Alberto Branca
- Estilismo: Andrés Miranda
- Modelos: Claudio Ciocirlan x UNO Models / Mateo Macouzet Toledo x Queta Rojas
- Showroom: Via Comunicación
- Moda: Karl Lagerfeld
- Calzado: Bobbies