Working en Fast Fashion: ángeles y demonios – Parte 3

The Breakdown:

Presencié y viví muchas gatadas que me hicieron pensar un montón de veces en renunciar e irme. Admiro que no fue así. Era como un magnetismo, masoquismo. Estaba vibrando muy bajo, pero no podía irme, quería seguir viendo de que más eran capaces, y a pesar de todo tenía mi meta muy fija, un salto agigantado de teléfono me esperaba en mi cuenta bancaria.

Había sobrevivido al buen fin, a miradas y comentarios déspotas, a jornadas que se transmutaron de cinco horas a diez, compañeros apáticos, constante presión, poca accesibilidad por parte de las managers (como la ocasión en la que necesitaba cambiar mi horario por ir a la segunda dosis de la vacuna por covid-19 y se me negó).

Era una experiencia muy surreal. Pero continué aún y con una pérdida de peso abrupta y con una sensación constante de burnout. En esos momentos es cuando empecé a valorar el trabajo de todos aquellos que se dedican a esto, es desgastante. Me era complicado imaginar que varios de mis compañeros tenían años allí, pienso que al final el cuerpo resiente tanto cambio en su reloj biológico. Presencié cuando varios de ellos tenían el horario de cierre de la tienda y al día siguiente de apertura, no había más vida afuera de las prendas, y los maniquíes. Era el otro lado del glamour, el lado oscuro, ni siquiera creo que un puesto superior compensaba o hacia que las cosas valieran la pena.

Fuente: RSVPOnline

Irónicamente siempre había creído, que los villanos ante estas situaciones eran los clientes. Estaba mentalizado a que encontraría los clásicos desplantes y que sería el reto más complicado de la vida laboral. They were the heroes, eran como un respiro ante la incomodidad del entorno. No había momento más lindo que cuando me buscaban para pedirme un consejo de moda, o cuando eran pacientes y reconocían tu labor servicial, o sus bromas y halagos que te hacían el día.

Siempre he sentido que tengo una personalidad no apta para todo el público, nunca he creído que sea una persona tibia o de puntos medios. Tengo la suerte o mala fortuna de ser odiado o amado, y no hacía falta ser muy analítico para saber que una mitad de la tienda me resentía y crucificaba a mis espaldas, y que la otra mitad veía mis matices característicos. 

Tal vez en ese momento fue cuando llegué al psicoanálisis propio… ¿Qué era lo que estaba haciendo mal? ¿Por qué me odiaban? ¿era una mala persona o pretendían hacerme ver como la mala persona? Soy un alto defensor de mis ideales y brutalmente honesto con lo que soy y tengo a mi alrededor, siempre alcé la voz cuando no se me trataba con respeto y era afable con los que sí lo hacían. El bad guy no siempre es la persona que se pretende que sea, se le enjuicia y juzga sin comprender los motivos originales de su comportamiento, muchas veces se le atribuye la villanía hacia aquellos que no se dejan manipular y a los que andan por la vida sin miedo a nada.

Si tuviera que comparar mi rendimiento en la tienda con la de un participante de un reality show, diría que era el fan-favorite que eliminan durante los primeros episodios, pero que al final regresa, se redime y se lleva la corona.  

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