Dsquared2 Roxy Bag: el western de 2006 regresa con Bad Gyal

En septiembre de 2005, Dsquared2 cubrió una pasarela con tierra y paja, construyó un granero y un molino y llevó incluso una yegua con su potro al escenario. Aquella colección femenina Spring 2006 fue planteada como un western deliberadamente excesivo; unos meses antes, su versión masculina ya había enviado a una pandilla de rough riders con denim bajo, cuero, chalecos, botas y sombreros cowboy. Dean y Dan Caten nunca necesitaron demasiada sutileza para explicar que el Oeste formaba parte de su imaginario.

Dos décadas después, ya no necesitan reconstruir el rancho entero. Bastan dos cinturones, varias hebillas y una silueta alargada. La Roxy Bag es el nuevo accesorio que Dsquared2 coloca en el centro de una campaña fotografiada por Hugo Comte y protagonizada por Bad Gyal, Noah Brown y los propios Dean y Dan Caten. Presentada este 21 de septiembre, la historia cambia entre una fantasía del Wild West y las calles de Barcelona, donde la fotografía adopta por momentos la apariencia de una persecución de paparazzi. El bolso permanece en medio de ambas realidades. Y ahí está lo interesante: el cowboy nunca se había ido realmente de Dsquared2.

La Roxy apareció públicamente meses antes de esta campaña. Vogue ya la identificaba en mayo dentro de Resort 2027 como uno de los nuevos accesorios de la colección de Dean y Dan Caten, rodeada nuevamente por detalles western, mezclas de referencias y la tendencia de la casa a enfrentar materiales y actitudes que en teoría pertenecen a guardarropas distintos. Su construcción explica bastante bien la idea. La versión estándar mide 12 x 28 x 6 centímetros, está realizada en piel de becerro, utiliza dos correas inspiradas en cinturones, hebillas metálicas, lettering Dsquared2 sobre la correa de hombro y forro de algodón. Hay acabados que van de piel limpia a efecto vintage desgastado, además de versiones metalizadas y de alto brillo.

La colección femenina Spring 2006 de Dsquared2, presentada el 27 de septiembre de 2005, utilizó sombreros, trabajos de talabartería, gamuza, denim, cinturones con herraduras y códigos de spaghetti western dentro de una producción abiertamente teatral. La colección masculina de esa misma temporada había trabajado meses antes con jinetes, cuero encerado, botas, sombreros, chalecos y jeans. En junio de 2026, Dsquared2 anunció a Bad Gyal como Global Brand Ambassador y confirmó que la artista participaría en futuras campañas internacionales y eventos de la firma. La Roxy materializa ahora esa relación frente a la cámara.

La elección de Barcelona tampoco funciona como fondo neutro. La campaña utiliza precisamente el territorio asociado con la artista para enfrentar dos ficciones: el western americano que Dsquared2 ha explotado durante décadas y la calle europea observada bajo una lente de celebridad dosmilera.

Ahí entra Hugo Comte. El fotógrafo estudió arquitectura y su trabajo se distingue por construir imágenes donde composición, espacio y personaje están controlados con enorme precisión. En lugar de fotografiar simplemente a Bad Gyal sosteniendo un producto, el planteamiento de campaña permite que el bolso aparezca dentro de una secuencia: pareja en movimiento, flashes, calle, exposición, persecución visual. El recurso de paparazzi además cambia la forma de percibir el accesorio. Una fotografía tradicional de producto nos dice qué mirar. Una imagen que simula haber capturado algo privado intenta convencernos de que encontramos el objeto antes de que alguien nos lo vendiera.

El bolso no necesita convertirse en un ejercicio de feminización ni pasar por una transformación especial para entrar al guardarropa de un hombre. Su forma East-West, las correas tipo cinturón y el herraje pesado ya dialogan con elementos habituales del menswear: denim, cuero, chamarras biker, tailoring amplio, workwear y botas.

La versión marrón o negra con acabado vintage puede funcionar casi como lo haría un cinturón western dentro de un look de denim relajado: añade textura sin quedarse con toda la atención. Plata, rojo o rosa cambian la relación; ahí el bolso funciona mejor como el único elemento deliberadamente excesivo.

Hay algo especialmente apropiado en que Dsquared2 utilice un objeto nuevo para regresar a 2006. La casa podría reconstruir literalmente aquel desfile, volver a poner sombreros cowboy sobre todos sus modelos y confiar en que la nostalgia hiciera el resto. La Roxy trabaja de manera más precisa: toma cinturón, silla, cuero desgastado, metal y tipografía y los comprime hasta volverlos reconocibles sin exigir contexto previo.

Bad Gyal y Barcelona hacen el movimiento contrario. Sacan ese objeto de la fantasía norteamericana y lo colocan en una ciudad real, dentro de un imaginario de fama, deseo y exposición pública mucho más cercano al presente. Para México y Latinoamérica conviene además mantener una distinción: el western estadounidense que cita Dsquared2 no equivale a la tradición charra mexicana ni a todas las culturas ecuestres de la región. Compartir cuero, denim, botas o sombreros no vuelve intercambiables sus historias.

Tal vez por eso la Roxy funciona mejor cuando se observa como Dsquared2 y no simplemente como “cowboy”. Veinte años de diferencia separan al granero de 2006 de las calles de Barcelona de 2026. Los cinturones siguen ahí. Lo que cambió fue el lugar en el que la marca decidió abrocharlos.

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