Hay una tensión muy específica que ocurre cuando el calor aprieta de verdad. No me refiero al calor cómodo de una terraza con aire acondicionado, sino a esa temperatura que te obliga a ser consciente de tu propio cuerpo.
Esa sensación de la ropa pegándose ligeramente a la piel, la luz que ciega y deja sombras duras, casi agresivas, en el pavimento. Es un momento donde la intelectualidad suele rendirse ante lo físico, donde pensar demasiado estorba. Sin embargo, a veces surgen rarezas visuales que logran mantener el equilibrio en esa cuerda floja: ser increíblemente inteligentes y, al mismo tiempo, innegablemente físicos.
Probablemente te has topado con imágenes de moda que se sienten plásticas, sobre-producidas, desconectadas de cualquier rastro de humanidad. Nos hemos acostumbrado a la perfección digital que, seamos honestos, ya no emociona a nadie. Pero lo que está pasando con la campaña Loewe Spring Summer 2026 es harina de otro costal. Es la primera concebida bajo la dirección creativa de Jack McCollough y Lazaro Hernandez, y si algo dejan claro, es que el «nuevo lujo» no se trata de logotipos, sino de energía. Una energía que suda, que brilla y que se siente casi húmeda al tacto.
Lo primero que te golpea al ver estas imágenes es la luz. No es la luz difusa y romántica de un atardecer de postal. Es una luz plena, directa, de esas que no perdonan imperfecciones y que, paradójicamente, hacen que todo se vea más real. Fotografiada nuevamente por Talia Chetrit cuyo trabajo siempre ha coqueteado con los límites de la intimidad y el voyerismo, la campaña se siente menos como un catálogo de ventas y más como fragmentos de una película de autor que te mueres por ver.
Aquí es donde la narrativa visual cambia el juego. McCollough y Hernandez no están imponiendo una estética; están capturando un instinto. Las imágenes, ya sean bajo el sol abrasador o en la oscuridad de la noche, transmiten una sensación de humedad constante. Puedes percibir el agua, el mar implícito en el fondo o el brillo en la piel de los protagonistas.

Esta propuesta de Loewe rompe esa dicotomía. Hay una «tensión carnal» evidente. No es sexualidad gratuita; es la relación primaria entre la prenda y el cuerpo que la habita. Observas las chaquetas de cuero selladas al calor y no ves solo una prenda costosa; ves una escultura blanda que responde al movimiento. Ves los jeans de cuero triturado y casi puedes sentir esa tactilidad rugosa en la yema de los dedos.
Hablemos de quiénes llevan la ropa, porque esto es crucial para entender el mensaje. Olvídate de la idea del modelo percha que no transmite nada. El elenco seleccionado —figuras como Beau Gadsdon, Chen Duling, Isla Johnston, Talia Ryder y True Whitaker— no está ahí solo por su simetría facial. Son talentos del cine y el teatro, personas que entienden el «performance».
Jack y Lazaro han apostado por una energía que llaman «optimista y bañada por el sol», pero hay un subtexto más profundo. Al elegir a actores que transforman su destreza física en una forma de arte, la marca se aleja de la tendencia de usar «influencers del momento» para centrarse en personalidades con peso propio.
Cuando ves a Talia Ryder o a True Whitaker en estas tomas, hay una «vitalidad gestual». No están posando para venderte un bolso; están habitando un espacio. Es esa diferencia sutil la que separa a una marca que busca likes de una que busca legado. La ropa —esos tops coloridos drapeados casualmente o los vestidos fluidos multicapa— parece una extensión de su estado de ánimo, no un disfraz.

Si eres de los que aprecian el diseño industrial o la arquitectura, notarás que los sets son apenas visibles, pero dicen mucho. Hay un marco modernista que encuadra todo, pero el foco está en los objetos. Y aquí entramos en terreno peligroso para la cartera, pero fascinante para el ojo.
El bolso Amazona 180, con esa caída holgada de una sola asa, o esos zapatos acuáticos brillantes con calcetines en contraste, están cargados de un erotismo tangible. Sí, erotismo en un zapato. Suena pretencioso hasta que ves la foto. La materialidad se convierte en seducción. No se trata de «mira mi zapato nuevo», sino de la textura, el brillo, la promesa de cómo se siente usar eso.
Es interesante notar cómo esta campaña redefinen lo «sexy». Durante años, lo sexy en la moda masculina y femenina fue agresivo, oscuro o excesivamente revelador. Aquí, lo sexy es cerebral. Es la inteligencia de un diseño que entiende que la piel y el cuero son parientes lejanos, y que ponerlos juntos bajo el sol crea una imagen que no puedes sacarte de la cabeza.

Quizás no todos salgamos mañana a buscar unos zapatos acuáticos brillantes, pero la lección de estilo permanece: la verdadera sofisticación actual reside en esa mezcla de inteligencia y carnalidad. En atreverse a ser, como dicen ellos, sexys y cerebrales al mismo tiempo.