Hay objetos que se quedan contigo por costumbre: el neceser que llevas al gimnasio, el estuche donde guardas lo básico para un viaje corto, la pieza pequeña que termina cargando más de tu vida diaria de lo que parece. Un cepillo, una fragancia, crema, llaves, audífonos, ese cargador que siempre olvidas. No es exactamente lujo, pero tampoco es accesorio menor, es el tipo de objeto que revela cómo te mueves por el mundo.
Durante años, la moda nos enseñó a mirar hacia lo nuevo: la siguiente colección, la siguiente prenda, el siguiente color de temporada, pero algo cambió. Hoy, para muchos hombres jóvenes, el estilo ya no solo se trata de estrenar; también se trata de entender qué historia hay detrás de lo que usamos, quién lo hizo, de dónde viene, qué materiales carga, qué impacto deja cuando sale de una boutique, entra a una maleta y se vuelve parte de la rutina.
En ese punto aparece “I WAS A POLO”, un neceser de edición especial que transforma polos recuperadas en piezas únicas hechas a mano en Michoacán. La colaboración entre Lacoste y Someone Somewhere no intenta disfrazar la sostenibilidad como tendencia pasajera: la aterriza en un objeto funcional, bien diseñado y con una carga cultural que se siente más honesta que ornamental.

La polo tiene un lugar particular en el imaginario masculino. Ha pasado por canchas de tenis, oficinas creativas, fines de semana familiares, uniformes aspiracionales y looks de viernes casual. Es una prenda que, bien usada, puede verse limpia sin sentirse rígida; deportiva sin parecer descuidada; clásica sin perder vigencia. Por eso resulta interesante verla fuera de su territorio habitual.
“I WAS A POLO” parte justo de esa transformación: cada neceser nace de polos recuperadas, resignificando materiales existentes para darles una segunda vida. El gesto importa porque no se trata únicamente de cortar tela y ensamblar un accesorio. Hay una lectura más profunda: una prenda que antes estaba pensada para vestir el cuerpo ahora acompaña el movimiento, el viaje, la rutina y los rituales personales.

Esa es la diferencia entre reciclar como discurso y reutilizar con criterio de diseño. El resultado no se presenta como una pieza “eco” en el sentido más plano de la palabra, sino como un objeto con identidad propia. El exterior integra las polos recuperadas con hilos trabajados mediante la técnica artesanal del telar de chicotillo; el interior suma fibras recicladas, reforzando una lógica completa de aprovechamiento material.
En una industria donde muchas veces la sostenibilidad se comunica mejor de lo que se ejecuta, este tipo de proyectos obliga a mirar con más cuidado. No basta decir que algo tiene impacto positivo. La pregunta real es: ¿qué cambió en el proceso?, ¿quién participó?, ¿qué se evitó desperdiciar?, ¿qué valor se generó para quienes intervinieron la pieza?
Hay algo poderoso en una pieza hecha a mano: nunca es completamente idéntica a otra. Incluso cuando sigue un patrón, hay pequeñas variaciones de tensión, ritmo, color, tacto y acabado. Esa imperfección precisa, la que no parece error, sino presencia humana, es lo que muchas veces le falta al lujo producido en masa.

En este neceser, el telar de chicotillo no funciona como adorno agregado al final. Es parte de la estructura visual y emocional del objeto. Los hilos dan relieve, textura y una lectura artesanal que rompe con la frialdad de un accesorio genérico. Lo puedes imaginar sobre una mesa de hotel, saliendo de una mochila negra, acompañando una rutina de grooming o guardando lo indispensable antes de un vuelo temprano.
La técnica también introduce una conversación necesaria sobre la artesanía mexicana. Durante demasiado tiempo, el trabajo artesanal ha sido tratado como souvenir, decoración o recurso estético para campañas que toman más de lo que devuelven. Aquí el punto no está solo en “inspirarse” en México, sino en involucrar directamente a artesanas y artesanos de Michoacán en la creación de una pieza contemporánea. El neceser estará disponible en dos siluetas exclusivas y podrá obtenerse en boutiques de la República Mexicana como regalo en compras a partir de $4,500 MXN, hasta agotar existencias. Por su proceso artesanal y por la naturaleza de los materiales recuperados, cada pieza tendrá variaciones propias.
Al final, este neceser habla de algo más grande que un accesorio. Habla de la posibilidad de que los objetos que llevamos tengan memoria, de que la moda no solo vista el presente, sino que también repare parte de lo que deja atrás.
