The Plaza, Gigi Hadid y un preppy menos perfecto: así fue el regreso de Tommy Hilfiger a NYFW

Hay noches que justifican inmediatamente haberte vestido un poco mejor de lo necesario. The Plaza iluminado en Nueva York, un blazer khaki enorme sobre pantalones rojo cereza. Polos con el cuello levantado sin culpa. Tartán, rugby shirts, corbatas, penny loafers y sneakers de skate avanzando por habitaciones donde durante más de un siglo alguien probablemente estuvo intentando comportarse correctamente. Entonces aparece Gigi Hadid y empieza el desfile.

El 10 de septiembre, Tommy Hilfiger regresó a New York Fashion Week para presentar Spring 2027: Plaza Prep dentro de The Plaza Hotel, un edificio que conoce bastante mejor que la mayoría de sus invitados: él y su esposa Dee vivieron durante más de una década en un penthouse sobre Central Park. Esta vez no volvió para instalarse. Volvió para imaginar cómo debería verse en 2027 esa fantasía de estilo estadounidense que lleva cuarenta años construyendo.

Y después de temporadas completas de quiet luxury, old money, mocasines, polos y Pinterest intentando enseñarnos a parecer herederos de algo, la respuesta resulta refrescante: vestirte bien porque te gusta verte increíble, no porque quieras demostrar que perteneces a algún club. The Plaza podía haber sido simplemente un escenario precioso.

Habría funcionado. El hotel abrió en su ubicación actual en 1907 frente a Central Park y ha pasado más de un siglo acumulando presidentes, artistas, huéspedes célebres, fiestas, películas y suficiente imaginario social para que sus puertas giratorias hagan casi todo el trabajo antes de que aparezca la primera prenda.

Pero para Tommy el sitio carga algo más íntimo. Antes del show describió el regreso a Vogue como una forma de volver a recibir gente en casa, y esa relación personal cambia el tono de la colección. No estamos viendo a una firma alquilar glamour ajeno. Estamos viendo a alguien regresar al lugar desde el que observó durante años uno de los cruces más extraños y seductores de Nueva York: dinero viejo, turistas, celebridades, uptown, downtown y personas vestidas para vidas completamente distintas entrando por la misma puerta. Plaza Prep toma precisamente esa mezcla.

El blazer continúa ahí, pero deja de pedir pantalones perfectamente planchados. El polo sigue siendo protagonista, aunque ahora puede ser diminuto o caer oversized. Los chinos terminan convertidos en shorts muy cortos o reciben costuras torcidas tomadas del denim. El tartán pierde solemnidad. Rojo, blanco y navy reciben amarillos y verdes que impiden que todo termine pareciendo catálogo universitario. Y debajo aparecen boat shoes, penny loafers, slides de piel y sneakers redondeados de inspiración skate noventera.

Esta temporada la transformación ocurre sobre todo en la proporción, el color y el styling: blazer amplio, trousers generosos, shorts altos, polos fuera de escala, camisas Oxford con Ithaca stripes y crestas bordadas reducidas casi a detalles privados. La bandera de Tommy también aparece lavada y desvanecida sobre suede, silk-cashmere y bolsos de volumen exagerado. No es una revolución de guardarropa, es algo posiblemente más útil: una edición de actitud.

Quizá la mejor prueba de una pasarela masculina no sea cuánto impresiona durante diez minutos, sino cuántas ideas puedes seguir imaginando cuando sales de ella. Y Plaza Prep deja bastantes.

El polo vuelve a ser sexy cuando pierde perfección. No necesitas meterlo impecablemente dentro del pantalón ni añadirle inmediatamente un blazer navy. Puede ser amplio, puede ser corto, puedes levantar el cuello y dejar que el resto del outfit tenga otra energía.

Los loafers ya no necesitan esperar a que tengas una cena. Van con jeans gastados, trousers relajados, calcetas visibles o shorts. El contraste es precisamente lo que evita que parezcan el calzado que compraste para una graduación.

El blazer mejora cuando el resto deja de obedecerle. Sobre una camiseta, con un pantalón mucho más ancho o con shorts, deja de funcionar como “formalwear” y se convierte en una capa que puedes sacar un miércoles cualquiera.

Y el color debería arruinar educadamente algo. Si todo el look vive en khaki, blanco y navy, una pieza roja, amarilla o verde puede hacer más que otros cinco accesorios.

No necesitas comprar Plaza Prep completo para entenderlo. Probablemente ya tengas al menos una de esas piezas. El movimiento está en dejar de preguntarte cómo “debe” usarse y empezar a preguntarte cómo quieres verte tú con ella. Plaza Prep puede leerse desde ahí difícil ignorar el componente de riqueza cuando estás literalmente dentro de The Plaza, pero su mejor versión ocurre cuando dejamos de intentarlo.

Porque aspirar también puede ser algo bastante más cercano. Puede ser querer esa versión de ti que sale un jueves con una camisa mejor de la que necesitaba. Que compra unos loafers aunque todos sus amigos sigan usando sneakers. Que cambia la sudadera por un blazer simplemente porque esa noche le apetecía verse más guapo. Que empieza a usar pantalones distintos porque ya se cansó del mismo uniforme. No para que alguien piense que tiene dinero, para sentir que hizo algo con su presencia.

Hay algo muy seductor en recuperar ese gesto después de varios años en los que comodidad y neutralidad dominaron buena parte del guardarropa. El atractivo de arreglarte no tiene por qué ser volver a la rigidez. Puede ser exactamente lo contrario: tener piezas mejores y usarlas con menos miedo.

Gigi Hadid abrió el runway. Romeo Beckham caminó el último look. En el front row estaban Kate Moss, Camila Cabello, JISOO, Arón Piper, Patrick Schwarzenegger y figuras de la NBA como Carmelo Anthony, Karl-Anthony Towns, Josh Hart y Miles McBride. Después, Slayyyter apareció con camisa roja, shorts cropped, corbata y botas negras hasta la rodilla para convertir el cierre en performance.

Tommy pudo haber terminado una noche en The Plaza con todo exactamente en su sitio. En cambio, la dejó en manos de una pop star con botas altísimas mientras la formalidad del hotel empezaba a mezclarse con algo bastante más caótico.

Tommy Hilfiger conserva los polos, los blazers, el tartán, los chinos y los loafers. Lo nuevo es el permiso para dejar de cuidarlos tanto. Y, de pronto, volver a arreglarse parece una idea buenísima.

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