Manu Ríos, Nicolò Martinenghi y las dos formas de ser un hombre Emporio Armani

Un antiguo centro de radiodifusión de Berlín Este, película analógica, un actor español, un nadador italiano que sabe exactamente cuánto pueden significar dos centésimas de segundo. Emporio Armani pudo convertir esos elementos en una campaña construida alrededor de celebridades. Alasdair McLellan hace lo contrario: baja el volumen.

Manu Ríos mira a cámara, Nicolò Martinenghi también, ninguno necesita interpretar al mismo hombre. Esa diferencia termina siendo una de las ideas más interesantes de la campaña Otoño/Invierno 2026-27 de Emporio Armani. Mientras Ríos encabeza las colecciones de Eyewear, Watches & Jewelry, Martinenghi aparece vinculado a Sea Explorer, la línea de relojería deportiva de la casa. Alrededor de ellos, Mia Armstrong, Jesephen Akuei, Xiru Yang, Morgan Sahadow, Alexander Kosi, Camero y Kai W construyen una serie de retratos donde la ropa y los accesorios se mueven entre estructura y libertad.

Es una dualidad que la propia colección FW26/27 ya plantea: clásicos reinterpretados, volúmenes suaves y un intercambio entre elementos masculinos y femeninos, con la disciplina y la individualidad funcionando simultáneamente.

El Funkhaus Nalepastraße de Berlín fue construido entre 1951 y 1956 como centro de radiodifusión de la República Democrática Alemana. El proyecto estuvo a cargo del arquitecto Franz Ehrlich, antiguo alumno de la Bauhaus, mientras Gerhard Probst trabajó en su desarrollo técnico. Las salas fueron concebidas alrededor de necesidades acústicas muy específicas: incluso existen espacios construidos con una lógica de “casa dentro de casa” para impedir la transmisión del sonido entre estudios.

McLellan fotografía ahí la colección en película y aprovecha madera, piedra, ventanas, pasillos y geometrías sin hacer que el lugar se coma a las personas. Su trabajo tiene sentido en ese registro: el fotógrafo británico ha desarrollado buena parte de su carrera entre moda y retrato, con trabajos para publicaciones como i-D, Vogue, POP y Arena Homme+, además de campañas para distintas casas de moda.

La textura analógica hace otra cosa importante. Frente a una industria visual donde la perfección digital puede terminar haciendo que todo se parezca demasiado, el grano, la temperatura y la imperfección controlada permiten que una chamarra, unas gafas o una cara vuelvan a tener superficie.

Manu Ríos entiende bien lo que significa vivir frente a una cámara. Su salto internacional llegó con Élite y desde entonces su carrera lo ha llevado del streaming al cine de Pedro Almodóvar y a producciones internacionales. Emporio Armani aprovecha esa familiaridad con la imagen, pero evita convertirlo en una versión exagerada del celebrity dressing.

En las imágenes de Eyewear, Watches & Jewelry, el accesorio funciona como una modificación pequeña que altera bastante el resultado: el marco de unas gafas cambia la proporción del rostro; un reloj introduce otro material en la muñeca; una cadena o un brazalete añaden brillo sin obligar al look a convertirse en exhibición.

Durante años, buena parte de los accesorios masculinos fueron vendidos mediante dos extremos: casi invisibles para no parecer “demasiado”, o convertidos en símbolos evidentes de dinero y estatus. Entre ambos existe un terreno bastante más interesante. Ponerte joyería no necesita comunicar riqueza; puede comunicar gusto. Llevar gafas tampoco tiene que esconder tu cara; puede cambiarla.

Con Nicolò Martinenghi la relación entre hombre y producto es diferente. El italiano ganó el oro olímpico de los 100 metros braza en París 2024, después de haber conseguido dos bronces en Tokio 2020 y el campeonato mundial de la misma distancia en Budapest 2022. A principios de 2026 sufrió una lesión seria en el hombro que puso en pausa parte de su temporada. Regresó a competir y, pocas semanas antes del lanzamiento de esta campaña, volvió a París para los Campeonatos Europeos: ganó los 100 metros braza el 11 de agosto y los 50 metros braza el 15 de agosto.

Martinenghi lleva el Emporio Armani Sea Explorer, cuya familia actual se plantea como relojería de buceo: la marca especifica certificación ISO 6425, resistencia al agua de hasta 200 metros, cristal de zafiro y bisel unidireccional. Para FW26/27, la información proporcionada por Emporio Armani añade una versión realizada en titanio puro de grado 2, buscando reducir peso y mantener resistencia.

Copiar un look completo de campaña rara vez es la parte interesante, entender su lógica sirve mucho más. La primera idea es elegir un protagonista. Si las gafas tienen carácter, quizá el reloj no necesita competir con ellas. Si utilizas varias piezas de joyería, pueden compartir proporciones o acabado en lugar de intentar llamar la atención individualmente. La segunda está en las proporciones. El otoño de Emporio Armani trabaja con piezas estructuradas junto a volúmenes más suaves; esa convivencia permite evitar que “vestirse bien” vuelva a significar ponerse rígido. La colección oficial habla precisamente de un equilibrio entre disciplina y libertad. Y la tercera quizá sea la más importante: no necesitas escoger una sola versión de masculinidad para construir estilo.

La moda masculina de 2026 está resultando más interesante cuando deja de preguntarse qué prendas “puede” usar un hombre y empieza a preguntarse qué sucede cuando las lleva. NEOMEN ya observó algo parecido en la campaña FW26 de Ferragamo, donde el archivo masculino adquiere sentido cuando se permite modificarlo en vez de conservarlo intacto. Ferragamo FW26 convierte su obsesión por los zapatos en una escena surrealista Emporio Armani llega a una conclusión diferente por otro camino.

Ríos y Martinenghi no intentan demostrar que son el mismo tipo de hombre. Uno construyó parte de su carrera siendo observado; el otro, entrenando durante años para que el resultado de todo ese trabajo pudiera medirse en menos de un minuto, en la fotografía final caben los dos.

Quizá esa sea la decisión más actual de la campaña: la elegancia masculina deja de ser un personaje que tienes que aprender a interpretar y empieza a parecerse más a una manera propia de ocupar el espacio.

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