Chester & Peck celebra 30 años con From West to East Otoño/Invierno 2026

Hace no tanto, un saco de tweed, un abrigo de inspiración ecuestre o un suéter con cierto aire universitario podían colocarte rápidamente en una categoría: demasiado formal, demasiado clásico o directamente vestido como alguien varias décadas mayor. En 2026 ocurre algo distinto. El prep se está soltando, el traje perdió parte de su rigidez y las prendas con referencias históricas vuelven a funcionar porque cada vez importa menos llevarlas exactamente como fueron concebidas.

No es una observación aislada. Esta temporada, firmas muy distintas han vuelto sobre códigos Ivy, workwear, country y sastrería para desarmarlos y combinarlos con proporciones más relajadas. GQ ha documentado esa actualización incluso en instituciones históricas del prep estadounidense como J. Press, mientras Vogue ha encontrado cruces entre argyle, ropa de trabajo y construcción sartorial en el menswear Fall 2026. Y justo ahí aparece Chester & Peck.

La firma mexicana cumple 30 años y los celebra con From West to East, su colección Otoño/Invierno 2026: un recorrido desde el campo estadounidense hasta la campiña británica y la Costa Este. El punto no es elegir qué personaje quieres interpretar, sino entender qué puede aportar cada tradición a un clóset que ya no vive bajo las mismas reglas. La historia proporcionada por la marca sitúa el nacimiento de Chester & Peck en los noventa, cuando un grupo creativo de El Palacio de Hierro tomó como referencias la campiña inglesa, la vida al aire libre y la sastrería británica para desarrollar una propuesta dirigida inicialmente al hombre mexicano.

En otoño de 1996, su primera boutique abrió en El Palacio de Hierro Durango, en Ciudad de México. Un año más tarde llegó la propuesta femenina. Hay además una relación particularmente estrecha entre ambas compañías: Grupo Palacio de Hierro ha documentado a Chester & Peck dentro de su portafolio de marcas propias, y la tienda departamental continúa siendo actualmente su principal escaparate comercial.

Lo curioso es que su aniversario llega cuando muchos de esos códigos fundacionales están recuperando relevancia. No porque la moda haya decidido retroceder treinta años, sino porque piezas que dependen menos de una microtendencia un abrigo, un pantalón bien cortado, knitwear, piel, una camisa ofrecen más posibilidades cuando cada temporada digital parece querer remplazar a la anterior. Hasta el universo actual de Chester & Peck ha superado aquella primera definición estrictamente masculina: El Palacio de Hierro muestra hoy categorías que abarcan moda para hombre y mujer, calzado e incluso hogar.

Su problema a los 30, entonces, no consiste en inventarse otra personalidad. Consiste en evitar que su propia historia se convierta en museo. From West to East evita organizarse únicamente alrededor de tendencias. La colección se divide conceptualmente en tres territorios que representan maneras diferentes de entender la ropa. Way to West comienza en el paisaje rural estadounidense. Aquí entran tejidos robustos, texturas y prendas asociadas al trabajo, el exterior y la utilidad. La idea más interesante no es vestirse de cowboy: es recuperar ropa que admita uso, movimiento y cierta imperfección. Esa chamarra que mejora después de usarla veinte veces resulta bastante más atractiva que una pieza que solo funciona dentro de la fotografía perfecta de una temporada.

Countryside desplaza el recorrido hacia Gran Bretaña. La tradición ecuestre y sartorial aparece en abrigos envolventes, tejidos heritage y proporciones menos severas. Es probablemente la parte que conecta de manera más directa con el origen de Chester & Peck: disciplina británica, sí, pero sin exigir que quien la vista se comporte como si estuviera entrando a un club privado en 1996.

Finalmente, 5 O’Clock aterriza en la Costa Este estadounidense y en los códigos de la academia clásica. Sastrería, materiales nobles y referencias universitarias aparecen con una construcción más relajada.

Durante mucho tiempo, comprar prendas clásicas significaba comprar también una serie de instrucciones. El saco pedía camisa; la camisa, pantalón formal; el pantalón, cierto zapato. Cambiar una pieza podía hacer que todo pareciera incorrecto. La moda masculina actual lleva varios años desmontando esa dependencia. La sastrería se volvió más suave, el denim comenzó a convivir con prendas tradicionalmente formales y el guardarropa universitario se hizo más ancho, menos limpio y bastante más personal.

Para una firma que comenzó mirando hacia Inglaterra desde México en 1996, el aniversario tiene algo de regreso al punto de partida. Solo que el hombre que encuentra ahora esas prendas ya no necesita vestirse como su padre ni rebelarse contra él para demostrar que pertenecen a su generación.

Tal vez ésa sea la ventaja de un buen clásico: sobrevivir el tiempo suficiente para que finalmente podamos dejar de usarlo correctamente.

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